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Polí­ticas y polí­ticos

Después de imponer a Sabbatella, el ultracristinismo va por las cabezas de Puricelli y De Vido

septiembre 19, 2012

By Carlos Tórtora
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Los alcances del 13-S provocaron no sólo el enojo sino también la decepción de la presidente. Los informes del gobierno preveían importantes movilizaciones en los grandes centros urbanos pero un escaso eco en las provincias que, se supone, los caudillos del PJ controlan férreamente. Sin embargo, en la plaza central de Tucumán, feudo de los Alperovich, se reunieron 10.000 manifestantes pidiendo la renuncia de Cristina y en Resistencia, un número algo menor. Y lo mismo ocurrió en Posadas y San Juan, donde el gobierno esperaba un control total por parte de los gobernadores. Y ni que hablar en el conurbano bonaerense. A este cuadro se suman las cada vez más frecuentes reuniones reservadas de ciertos gobernadores con el díscolo José Manuel de La Sota, que anoche cenó en la Capital con diputados nacionales del peronismo disidente. Coincidentemente, prácticamente ningún gobernador del oficialismo tomó un micrófono para denostar a los manifestantes y Daniel Scioli aprovechó para ponerse de su lado. Una sensación de desamparo habría recorrido Olivos después del cacerolazo al quedar en evidencia un hecho: los peronismos provinciales y los caciques del conurbano ya no pueden contener las protestas masivas de la clase media, acompañada ahora por sectores de bajos ingresos y, lo que es peor, tampoco quieren hacerlo. Esto significa que el escudo político del gobierno ha sido perforado. Ningún mandatario peronista, por más lealtad que le haya jurado a la presidente, parece dispuesto a confrontar con los sectores que desafían al gobierno y tampoco le encuentra sentido a organizar contramarchas de piqueteros y militantes de La Cámpora. Ante este alarmante panorama, el entorno presidencial parece actuar con reflejos condicionados, poniendo en marcha un blindaje ideológico-político. En esta tendencia confluyen los jefes de La Cámpora y el tándem compuesto por Nilda Garré y Horacio Verbitsky, que viene impulsando que Juan Manuel Abal Medina se convierta en la segunda figura del gobierno y el coordinador de la estrategia para alcanzar la reforma constitucional. Carlos Zannini también apoyaría esta idea para cerrar cualquier camino a los que empiezan a hablar de que hay que revisar el plan, o sea, replantearse si la búsqueda de la reelección no conducirá en realidad a un callejón sin salida. La propuesta para que Martín Sabbatella asuma la conducción de la AFSCA (Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual) cuando está por empezar la batalla decisiva contra Clarín, concuerda con el nuevo blindaje cristinista. Sabbatella es al mercado de la comunicación lo que Axel Kicillof a los mercados económicos. Ambos tienen la misma formación marxista y descreen de la iniciativa privada y la libertad, a las que intentan suplantar por la planificación centralizada y la intervención directa del Estado. Pero el desplazamiento del mariottismo de la AFSCA no es la única ofensiva en marcha. Garré y Verbitsky, asociados con La Cámpora, van ahora por la cabeza del Ministro de Defensa Arturo Puricelli, un histórico del peronismo de Santa Cruz que poco o nada tiene que ver con la revolución cristinista. Verbitsky ya puso en marcha la ofensiva periodística contra Puricelli y lo abastece de información un incondicional de Garré, el Secretario de Asuntos Internacionales de la Defensa, Lic. Alfredo Waldo Forti. Este último fin de semana, desde su columna en Página 12, Verbitsky embistió contra el Ministro de Defensa, acusándolo por permitir que el Brigadier Mayor (R) Richard Goetze, uno de los especialistas estadounidenses en Seguridad Nacional, Guerra No Convencional y Operaciones de Información, dictara un curso para funcionarios del Ministerio de Defensa. A esto le seguirían imputaciones por supuestos hechos de corrupción. La idea del grupo que está organizando el blindaje, del cual participa también Carlos Kunkel, sería que el diputado bonaerense por Nuevo Encuentro (partido de Sabbatella) Carlos Saín reemplace a Puricelli e integre la cartera de Defensa al mismo circuito ideológico en el cual hoy están la Secretaría de Inteligencia y el Ministerio de Seguridad. Pero en este último hay un nuevo obstáculo para el plan y se llama Sergio Berni. Éste le acaba de cambiar el discurso a la política de seguridad del gobierno hablando de que la ola delictiva actual se vincula con el descontrol de la inmigración, un razonamiento más propio de Silvio Berlusconi o de Nicolas Sarkozy que de Cristina Kirchner. Sin pestañear, Berni también declaró que las calles de la Capital están ahora llenas de agentes de policías vestidos de civiles para hacer inteligencia de las bandas que desvalijan departamentos. Como es sabido, al progresismo le repugna la sola idea de que haya policías de civil y que los mismos hagan inteligencia criminal. Éstas y otras medidas de Berni, que se aproximan a una política de seguridad razonable, encendieron las alertas rojas del ultracristinismo. Es que Berni fue la mano derecha de Alicia Kirchner y cuenta con todo el apoyo de ésta. Si la ministra de Desarrollo Social efectivamente termina encabezando la lista para diputados nacionales del FpV el año que viene y consigue un triunfo importante, Abal Medina, Garré, Kunkel y Verbitsky podrían perder poder. Y esto sería aún más grave si no hay posibilidades de reelección y Alicia aparece como candidata a la sucesión presidencial.

Las palomas bajo fuego

Berni es hoy un representante conspicuo del sector kirchnerista más distante del setentismo. Alicia Kirchner, sin ir más lejos, fue Secretaria de Asuntos Sociales de Santa Cruz durante el último proceso militar y en ese cargo adquirió los conocimientos que hoy aplica como ministra de la misma área a nivel nacional. Por su parte, Julio de Vido sufre el asedio de Kicillof y La Cámpora y subsiste en el gabinete sólo porque CFK no termina de soltarle la mano. La caída de Puricelli, si se produce, podría ser un nuevo paso hacia el defenestramiento de De Vido. Como no podía ser de otro modo, la ofensiva de los ultracristinistas, que acaba de empezar con la promoción de Sabbatella, también apunta contra Aníbal Fernández, que no deja de dialogar con Daniel Scioli e hizo declaraciones más que moderadas después del megacacerolazo. A medida que el horizonte se oscurece, las sospechas de traición florecen en Olivos y, como ocurre en todos los regímenes autoritarios, cualquiera que intente un matiz distinto del relato oficial corre el riesgo de caer en desgracia.

 

Fuente: Informador Publico

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