Espionaje

Espiando al mundo

Espiando al mundo

La puerta que abrió el caso Snowden devela rasgos totalitarios de la nueva era del espionaje. Ciberterrorismo y declive pos Guerra Fría.

MUNDO / 13 de febrero de 2016

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Los espías de hoy no usan pistola; usan mouse. En el mundo del ciber-espionaje, los agentes no son expertos en artes marciales o tiradores infalibles. Son expertos en internet y tienen aspecto de “nerd”, como Sheldon Cooper y sus amigos en The Big Bang Teory. O como Edward Snowden, el joven virtuoso en sistemas informáticos que le avisó al hombre de a pié de todo el planeta, que puede estar siendo vigilado por el Estado; y no el propio (que probablemente también lo vigila) sino un lejano y todopoderoso Estado extranjero.
Eso significa la palabra Snowden. La caída en cuenta de que el mundo lleva años transitando una nueva era del espionaje: la era del espionaje global. En esta dimensión, los espías no ocultan información en microfilms ni en grabaciones que “se autodestruirán en cinco segundos”. La buscan en la red. Peor aún: el espionaje ya no es una realidad lejana al hombre común; algo que ocurre en las cumbres del poder político y militar del mundo; sino que lo merodea y lo ausculta, como si el hombre común fuese una pieza clave en el tablero estratégico de las superpotencias.
En las anteriores dimensiones del espionaje, este acoso a la intimidad sólo ocurría en el totalitarismo. Había regímenes totalitarios y regímenes que no lo eran, o bien por ser simples dictaduras o bien por ser democracias.
Las dictaduras simples se basan en la censura y la represión policial de la protesta, mientras que el totalitarismo, o sea la dictadura absoluta, inhibe el acto de protesta antes de que se produzca, porque vigila la intimidad de las personas, ejerciendo sobre la vida individual y social un control “totalizante”.
En la dimensión del ciber-espionaje, incluso las democracias recurren a instrumentos del totalitarismo, sin llegar a ser regímenes totalitarios. Eso es lo que develó Snowden.
Los servicios del totalitarismo violaban la correspondencia. El KGB y la Stasi, por caso, tenían cuadrillas de agentes abocados cuidadosamente a la apertura de sobres utilizando vapor, para leer el contenido de las cartas.
En la era del espionaje global, expertos en informática perforan el blindaje virtual de las redes sociales y los correos electrónicos. La diferencia con la violación de correspondencia anterior, es que la de ahora no se limita a las fronteras de un país, sino al correo globalizado por internet.
Espías hubo siempre, pero nunca inspiraron tanta literatura como en los tiempos de la Guerra Fría.
Con el duque de Otranto, Joseph Fouché, jacobino furibundo que terminó siendo ministro del Interior de Napoleón, nació el concepto moderno de servicios de inteligencia. Pero aquel momento no fue tan paradigmático como el siguiente.
Los agentes secretos de la CIA, el MI-6, el Mossad y el KGB eran grandes protagonistas de la confrontación Este-Oeste, y también la inspiración de novelistas como Ian Fleming, Graham Green y John Le Carre.
También gravitaron en el cine. Junto a 007, sostuvieron tiroteos antológicos, pelearon sobre trenes en marcha, besaron a hermosas mujeres, robaron secretos cruciales y huyeron en increíbles automóviles.
El final de la Guerra Fría inició el declive de ese modelo de espía que tan atractivamente describió la literatura. Y también hubo retratos literarios del fin de ciclo. Por caso, el entrañable Osvaldo Soriano describió, en la novela El Ojo de la Patria, a espías desocupados que traficaban secretos industriales. Pero pronto aparecería el último modelo de agente secreto. Al gran anuncio lo hizo Edward Snowden.
Hay acontecimiento tan shockeantes que tapan su significación más profunda. El 11-S no fue el comienzo del terrorismo global (Al Qaeda ya había atacado en Yemen, Kenia y Tanzania) pero fue el acontecimiento que anunció al mundo la nueva etapa. Aquellas imágenes que parecían más cinematográficas que reales, pusieron en el centro de la escena internacional a Osama Bin Muhamad Bin Audhá Bin Laden, el hombre que creó una organización estructurada con lógica de sistema informático. La bautizó Al Qaeda, que significa “la base”, en referencia a la base de datos de su computadora, donde aparecían nombres y direcciones de los jihadistas internacionales que había reclutado para que converjan en Afganistán a luchar contra los soviéticos y que, vueltos a sus respectivos países tras el final de aquella guerra, se convirtieron en células dormidas que se activaban desde un comando central, oculto en el territorio afgano.
El terrorismo global aceleró el desarrollo del contra-terrorismo global, basado principalmente en el ciber-espionaje. Como la comunicación entre comandos centrales y células dormidas corre por la red, es allí donde se levantan las barreras defensivas, aunque una de ellas se usa también para lo que se usó siempre a los espías: robar secretos militares, políticos, tecnológicos y científicos, además de datos que sirvan al predominio económico.

Es una ironía que países donde los gobiernos espían a sus ciudadanos, como Venezuela y Nicaragua, ofrezcan asilo a Snowden. Pero la presión de Washington para que no lo asilen viola el derecho internacional. Una desmesura que incluyó el bloqueo al avión presidencial boliviano.
Estados Unidos trata al perseguido como si fuera un mega-terrorista de la envergadura de Bin Laden y, obviamente, no lo es.
Cuatro países europeos se prestaron a esa desmesura. Entre ellos Francia, el país más reacio a las presiones norteamericanas desde que, en 1956, Eisenhower impuso a Londres y París cesar la guerra que habían iniciado contra Egipto por la nacionalización del Canal de Suez. Por aquella humillación, De Gaulle encargó al científico Yves Rocard la construcción de la bomba atómica que diera a Francia más independencia de Washington.
¿Por qué ahora cumplió un pedido tan controversial como el bloqueo a Evo Morales? Posiblemente porque, igual que Londres, París también espía masivamente con el programa Prisma. Quizá todas las potencias europeas que sufrieron masacres del terrorismo global, hacen lo mismo.
Igual que en Estados Unidos, lo acepta la mayoría en sus respectivas sociedades, porque el terrorismo global causó la tragedia de imponer un contrato social como el que Thomas Hobbes describe en el Leviatán: derechos y garantías a cambio de seguridad.
La desmesurada persecución de Snowden también tiene que ver con otra consecuencia de su denuncia; expuso mundialmente la organización más secreta: la Agencia de Seguridad Nacional (NSA).
Nació como Servicio de Inteligencia de Señales. Su función era descifrar los mensajes encriptados y se hizo fuerte en la Segunda Guerra Mundial, desentrañando la criptografía que los alemanes producían con la famosa máquina llamada Enigma.
El cenit de su protagonismo llega con el ciber-espionaje. Por eso debía pasar desapercibida. Es altamente estratégico que no tenga la notoriedad de la CIA, la DEA o el FBI. Pero llegó Snowden y puso la sigla NSA en la primera plana.
Ya es visible el ojo que espía al mundo.

Fuente: Noticias-Perfil

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