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Con 71 cabañas, los criadores de criollos se hacen fuertes en Córdoba

Con 71 cabañas, los criadores de criollos se hacen fuertes en Córdoba

En los últimos años, la provincia tuvo el mayor crecimiento proporcional de la raza, según los productores.

Rodolfo Becerra, Pía Crespo, Juan Pablo del Campillo, Guillermo Fernández Llanos, Hernán Crespo, Álvaro Gómez Pizarro, Atilio Carignano y Miguel Depetris, en la cabaña San Esteban (LaVoz).
Alejandro Rollán

Yanquetruz es el nombre de un padrillo Criollo cuya figura se convirtió en referencia nacional para los criadores de la raza. Fue una de las primeras crías nacidas en los corrales de La Sarita, un establecimiento ubicado en Pozo del Molle que lleva casi 90 años ininterrumpidos dedicados a la producción de criollos puros.

Hoy la figura de ese caballo cordobés, que combinaba la sangre originaria de la provincia y la de San Luis, es todo un ícono para la raza, al convertirse desde 1978 en la imagen registrada que distingue a la Asociación de Criadores de Caballos Criollos.

Ese vigor expresado en Yanquetruz se refleja en el desempeño que viene teniendo la raza en la provincia, donde su crecimiento proporcional ha sido mayor que en el resto del país. A tal punto que la mayoría de las ventas de yeguas y padrillos que realizan las cabañas de Buenos Aires en los últimos tiempos han tenido como destino los planteles de cría en la provincia.

A partir de este buen momento, los criadores ponen su genética y su esfuerzo en consolidar a Córdoba como un polo de crecimiento para la cría del caballo criollo. 

El aval de la asociación nacional para la realización de la Exposición que tendrá lugar en la Sociedad Rural de Jesús María desde el próximo jueves 25 al viernes 28, confirma este protagonismo.

“En 1917 Amadeo Lastra, que circunstancialmente estaba en Jesús María, vio los animales que había en la zona y comenzó a registrarlos. Mientras tanto, en la provincia de Buenos Aires, Emilio Solanet realizaba lo mismo, con yeguas puras recolectadas en el sur del país, que no se habían mestizado”, asegura Guillermo Fernández Llanos, actual propietario de la cabaña La Sarita. El criador, sobrino nieto del propietario de Yanquetruz, participó junto a sus colegas Miguel Depetris (Las Isletillas), Rodolfo Becerra (Villa Del Totoral), Hernán Crespo (Alta Gracia), Juan Pablo Del Campillo, Atilio Carignano (Jesús María) de una charla con La Voz del Campo en vísperas del encuentro nacional de Criollos. Todos ellos estarán presentes con sus ejemplares en las pistas de Jesús María.

Pasión, más que negocio

Más allá del papel que desempeñó en la gestación de la raza, Córdoba volvió a hacerse fuerte en los caballos criollos hace 30 años, cuando se incorpora su uso para tiempo libre. 

“Hasta ese momento era un elemento de trabajo, porque donde hay un campo con hacienda, el criollo se hace indispensable, pero luego comenzó a incorporar un destino más deportivo. Esto hace que se modifique el estándar de la raza, con la conformación de un caballo más liviano”, observa Álvaro Gómez Pizarro, usuario de la raza.

Siempre con la funcionalidad y la morfología de los ejemplares como características distintivas, la cría de los criollos fue ganando lugar entre las preferencias de los productores en la provincia. En la actualidad, 71 cabañas cordobesas se dedican a la producción de equinos puros de la raza. “En mi caso, la pasión por la cría vino después de ser usuario”, admite Juan Pablo del Campillo, quien comenzó hace unos años a criar en Paso Colorado, su cabaña ubicada en La Granja.

A pesar del buen momento que viven los criollos en la provincia, su cría lejos está de ser rentable. El sostén con fondos desde otra actividad es indispensable para su continuidad en el tiempo. 

“La única vez que fue rentable criar equinos en el país fue a mediados de 1960, cuando el furor por el cuero para la industria marroquinera hacía que los potrillos provistos por grandes manadas de yeguas mestizas se sacrificaran a los pocos días de haber nacido”, recuerda Rodolfo Becerra, criador desde 1982, cuando incorporó los primeros puros traídos de la Rural de Palermo al establecimiento El Sirigote, en Villa del Totoral.

Hasta el momento, el mayor valor pagado por un caballo criollo en el mercado interno fue de 50 mil dólares, muy por debajo de los que se mueven en Brasil, donde la comercialización puede aportar valores de hasta 500 mil dólares por algunos ejemplares.

Desde hace algunos años, la modalidad de venta de los reproductores es en cuotas (pueden ser hasta 18), lo que dimensiona aún más el costo financiero que tiene la producción.

Desarrollo genético

Con la figura de la Federación Internacional de Criadores de Caballos Criollos (FICCC), las cabañas de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay han unido esfuerzo para unificar los parámetros de la raza. 

Chile quedó afuera de esta estructura en 2008, cuando se negó a cambiar el nombre de caballo chileno por el de criollo y a admitir la importación de animales como puros desde los países de la región. “Dentro de la federación, la circulación de genética es libre, lo que favorece el intercambio de animales y el mejoramiento de la raza”, sostiene Atilio Carignano, propietario de la cabaña La Trascendencia, en el norte de la provincia.

Con 15 años ya como criador, Miguel Depetris valora el desarrollo genético alcanzado en el país. “Hay una influencia de la sangre chilena y también brasileña. En mi caso, traje yeguas y padrillos desde Chile para darle más funcionalidad. Consideré que esa cruza le daba al caballo más prestaciones”, destaca el propietario del establecimiento Las Selvas, en Las Isletillas.

Para Hernán Crespo, titular del establecimiento San Esteban, el crecimiento genético de la raza no tiene techo. “Quizá a nivel funcional se pueda vislumbrar algún techo, pero en morfología es mucho cuestión de gustos y eso es lo que la hace tan dinámica”, agrega el criador ubicado en Alta Gracia y que, con su plantel de 15 yeguas madres, pone el acento en la funcionalidad de la raza.

Raza pura

Orígenes. El caballo criollo desciende de los equinos traídos por los españoles en la primera fundación de Buenos Aires (1535).

Características. La Asociación de Criadores de la raza define al criollo como un caballo de silla, equilibrado y armónico, bien musculoso, de fuerte constitución y con su centro de gravedad bajo. De buen pie y andares sueltos, ágil y rápido en sus movimientos. Su patrón racial está definido por su rusticidad, longevidad, fertilidad, resistencia y aptitud para trabajos y actividades ganaderas.

Pelaje. Con excepción del “pintado” y el “tobiano”, se aceptan todos los pelajes. Hay una tendencia paulatina a eliminar la despigmentación y el albinismo.

Fuente: AgroVoz-La Voz

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