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Globalización de los Delitos

Se va el ministro de Seguridad por la violencia en San Pablo

Antonio Pinto renunció ante la creciente ola de crímenes en la principal ciudad del país.

Víctimas. Villa Paraisopolis, escenario de algunos de los 170 asesinatos de este mes, según cifras oficiales./AP

POR ELEONORA GOSMAN

SAN PABLO. CORRESPONSAL - 22/11/12

La desmesurada ola de violencia que se abate sobre la capital paulista ya arrolló el primer funcionario del gobierno de San Pablo. Ayer renunció el secretario de Seguridad, Antonio Ferreira Pinto. Desde mediados de octubre su permanencia en el gobierno paulista se vio fuertemente debilitada por su incapacidad para contener la sucesión de crímenes en la metrópolis.

Entre la noche del martes y la madrugada de ayer, el número de homicidios volvió a los dos dígitos . Fueron 10 personas asesinadas, algunas en una masacre, y 13 entraron en distintos hospitales con heridas de bala. El salvajismo de los autores de estos crímenes, que una vez más pudieron huir sin ser identificados, llegó al extremo de balear a un grupo de cinco personas que estaban en un bar de Guarulhos, la ciudad vecina a la capital paulista que hospeda el mayor aeropuerto internacional del país.

Hasta fines de octubre, el ex secretario Ferreira Pinto negaba la existencia de poderosas organizaciones delictivas, responsables en parte de esas ejecuciones sumarias. En una entrevista con el diario Folha de Sao Paulo , el ex funcionario llegó a decir que el Primer Comando de la Capital prácticamente se había "extinguido". Sostuvo entonces: "No tienen más de 30 ó 40 miembros y están todos presos". Los secuencia de episodios luctuosos, que va in crescendo y no parece haber llegado al límite superior, desmintió a Pinto. Abogado e integrante de la procuración, el ex secretario había sido capitán de la Policía Militar del Estado, lo que redundó en privilegios para esa fuerza de seguridad.

El mes pasado, Ferreira Pinto tuvo una áspera discusión pública con el ministro de Justicia de Dilma, el abogado José Eduardo Cardozo. Desde esa repartición federal le habían acercado al gobierno de San Pablo iniciativas para la ayuda. Pero el funcionario paulista renunciante negó la existencia de esa oferta y dijo que las afirmaciones del ministro tenían "exclusivos fines políticos electoralistas". Eso precipitó su salida, antes incluso de lo que había planificado su jefe, el gobernador Geraldo Alckmin. La polémica terminó cuando la presidenta Dilma llamó telefónicamente al gobernador para decirle que su intención no era menoscabar la autoridad del Estado provincial sino trabajar en forma conjunta para salir del atolladero.

Precisamente ayer, después de que el hombre dejara el Palacio de los Bandeirantes (la casa de gobierno local), se dieron a conocer las nuevas estadísticas de crímenes. No deja lugar a dudas sobre el proceso que está en curso. Entre octubre último y el del año anterior, hubo un aumento de 114% en los homicidios. Ese mes cerró con un promedio diario de 10,9 masacrados. Es notable esa suba cuando se compara con otra clase de delitos. Los robos, por ejemplo, registraron una disminución.

Alckmin afirmó ayer estar "preparado para ayudar a San Pablo a avanzar y continuar con su calificación de estado más seguro de Brasil". El mandatario se postularía para un nuevo período en 2014. Para entonces precisa recuperar su figura del desgaste provocado por esta guerra entre bandas del narcotráfico y la policía. Si no logra aplacarlos, la renovación de su mandato estará en riesgo. Sabe que su partido socialdemócrata, después de 20 años de gobierno, está más expuesto a perder las elecciones generales dentro de dos años. La derrota de su antiguo compañero de agrupación partidaria, el ex candidato a intendente José Serra, que no consiguió imponerse en los comicios municipales de octubre pasado, encendió las alarmas.

 

Fuente: Clarin

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