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Globalización de los Delitos

'Ojitos', el secuestrador que escapó desde una ambulancia

Hace un mes le habían dado 30 años de cárcel, pero estuvo apenas 20 días en prisión. Lideraba una banda que cometió hechos resonantes. La historia de un prófugo que comenzó a delinquir de grande.

De frente y de perfil. Javier “Ojitos” Prola, en su foto del prontuario policial. “La fuga la pagó... todavía le quedaba mucha plata”, contó un allegado.

POR NAHUEL GALLOTA

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05/11/12

Cuando Javier Hernán Prola llegaba en su camioneta roja importada al Barrio Derqui de Caseros, siempre se escuchaba el mismo comentario: "Ahí llegó Paganini. Vengan que lo hacemos garpar todo'" , decían sus amigos y vecinos de esa barra, que paraban en una esquina y se hacían llamar "Los Pocasoda" .

"Ojitos" Prola -así lo apodaron sus cómplices, por sus ojos claros- fue condenado hace un mes a 30 años de cárcel, tras ser hallado culpable de liderar una banda que cometía violentos secuestros extorsivos y robaba autos de alta gama . Pero fueron apenas 20 días los que pasó en prisión. Como tiene sida y problemas dermatológicos, hace 10 días era trasladado en ambulancia hacia el Hospital Durand y se fugó durante el trayecto, en pleno Caballito . Por su caso fueron imputados cuatro guardiacárceles del Servicio Penitenciario Federal.

Quienes lo conocen aseguraron a Clarín que Prola, de 34 años, es así: sentía que pagando entradas y tragos a mujeres y amigos podía sentirse más querido. Por eso se lo veía en la bailanta Bus de San Martín, preguntando a todos sus conocidos qué querían tomar. Todos tenían menos años que él.

En Marcos Paz era "primario", que en la jerga carcelaria significa estar en prisión por primera vez. Eso no lo beneficiaba. Si bien todos los presos fueron "primarios" alguna vez, Prola lo fue demasiado tarde. Eso está mal visto por el resto de los internos.

Es que "Ojitos" había comenzado a delinquir hacía relativamente poco. Siempre se dedicó a la compra y venta de autos particulares. Le iba bien. Lo hacía con un familiar. Con ese dinero invitaba a mujeres y amigos a bailar y compraba sus autos propios.

Luego comenzó, de a poco, en lo ilegal. Primero, alquilando a las bandas de ladrones un aparato que permitía detectar el sistema de seguimiento satelital de los autos o camiones robados .

Después de que cumplió los 30, directamente pasó a protagonizar robos a camionetas. Más tarde, lo que se transformaría casi en su especialidad: secuestrar gente al voleo, siempre atraído por los autos caros o de alta gama. Cometía este delito en compañía de una banda de delincuentes de la zona de Laferrere, en La Matanza.

En esa seguidilla de hechos están el robo violento a dos policías de la Federal, a quienes hasta les quitaron sus armas reglamentarias, y el secuestro de un empresario en plena Costanera Norte, frente a Aeroparque. En este caso, el hermano de la víctima fue a pagar el rescate y también terminó secuestrado .

"Ahí, a Prola se lo comenzó a ver lleno de oro" , relató a Clarín una fuente muy allegada a su entorno. También a su mujer, a quien acaso se le haya notado más que a él su rotundo "cambio de vida".

La pareja abandonó Caseros y se mudó. Se fue a vivir a Lomas del Mirador. Allí, "Ojitos" construyó varias piezas y pisos para arriba y los puso en alquiler. Abajo hizo cocheras. Comenzó a recaudar, entonces, de los alquileres legales y la actividad a la que le dedicaba más tiempo y organización: los secuestros y el robo de autos.

"Ya tenía plata antes de robar, pero ahí hizo la diferencia grande. Era un tipo que vivía pensando en hacer negocios.

Olvidate que la fuga la pagó, seguro. Todavía le quedaba mucha plata ", estima alguien que se crió con él.

Prola había tenido un hijo con su primera esposa. Luego conoció a su segunda mujer, estando embarazada de otro preso oriundo de Fuerte Apache, el joven que la semana pasada fue muerto a tiros tras matar a uno de los policías que habían ido a detenerlo (ver Un vínculo amoroso...). Se juntaron y se hizo cargo de la hija de su mujer. Ella le decía papá y él la trataba como si fuese propia. Los que conocían de cerca a la pareja, dicen que Prola se inició en el delito cuando la conoció. Es por eso que su familia no la aceptaba.

En un momento se separaron, y ella volvió a la cárcel de Ezeiza para visitar al padre de su hija. Ahí Prola estuvo mal. Hacía años que padecía HIV; de golpe bajó mucho de peso y sus amigos debían subirlo en andas hasta su auto porque le costaba caminar. Cuando volvieron, él se recuperó.

Su mujer se paseaba en autos caros, como lo hacía Prola antes de ser detenido; la vieron en un Peugeot 206 y en un Minicouper. Pero en los últimos meses iba a visitarlo a Marcos Paz en la camioneta que sale de Liniers. El medio más económico y cómodo para los familiares de presos.

Puede, en una de esas, que esos autos se hayan vendido. Y que el dinero se haya gastado en otra cosa. En algo que para el resto de los internos no tenga precio. Pero que sí lo tuvo para "Ojitos", el hombre que se fue saltando desde una ambulancia, en un fuga difícil de creer sin complicidades.

 

Fuente: Clarin

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