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De tinta somos

En Buenos Aires, el Museo del Humor es una nueva y atractiva propuesta cultural. Se trata también de un homenaje a los grandes dibujantes y caricaturistas argentinos.

16/09/2012 00:02 | Bibiana Fulchieri (Especial)

Museo del humor. Alberga más de 10 mil piezas gráficas, pertenecientes a mil autores (Bibiana Fulchieri).
El director. "Aquí hay 200 años de historia impresa", dice Hugo Maradei (Bibiana Fulchieri).

El director. "Aquí hay 200 años de historia impresa", dice Hugo Maradei (Bibiana Fulchieri).

Una Mafalda gigante y regordeta (por el gas helio) guiaba sobrevolando la Costanera sur, en la ciudad de Buenos Aires, a los cientos de visitantes que inaugurarían el Museo del Humor.

El lugar es el edificio de la ex Cervecería Munich, construido en 1927, emblema arquitectónico art decó y otrora punto de encuentro de parroquianos como Leopoldo Lugones, Alfonsina Storni, Alfredo Palacios y Carlos Gardel, entre tantos.

"Con este lugar le otorgamos al humor la misma jerarquía que a todas las artes", explica Hugo Maradei, director de este museo y presidente del Museo del Dibujo y la Ilustración (Mudi) que donó gran parte de su colección para dar inicio a este fondo patrimonial. Se trata de más de 10 mil piezas gráficas pertenecientes a los 1.000 autores de personajes de tinta por siempre vivos en nuestra identidad.

El museo está planteado como un gran homenaje a los tantos creadores argentinos que con su talento llenaron páginas de nuestra gráfica.

"Aquí hay 200 años de historia impresa. Después de muchos años de bregar por un espacio permanente donde exhibir estos originales, se conformó un consejo asesor honorario integrado por Manuel García Ferré, Quino, Hermenegildo Sabat, Carlos Garaycochea y Guillermo Mordillo. Se exhibirán obras permanentes en dos salas y tendremos una temporaria, inicialmente dedicada a trabajos monográficos de estos cinco autores notables. Comenzamos con 40 originales seleccionados de 60 años de trabajo de Carlos Garaycochea, muchos publicados en El Gráfico ", nos cuenta Maradei.

Desde el siglo 21. Comenzamos la recorrida. En 1834, César Hipólito Bacle resultó el primero en ridiculizar de alguna manera con sus dibujos una moda femenina que exageraba el ya sobredimensionado tamaño de los peinetones que usaban las porteñas. Esta moda fue impuesta tal vez para diferenciarse de las damas españolas. Así expuestos en un álbum cómico, fueron las primeras series humorísticas.

"Este grabado inglés", señala Hugo Maradei, "realizado en 1806, es el primero en el que hace mención a Buenos Aires y tiene como motivo una satirización de las Invasiones Inglesas. También es una antesala del humor político una obra fechada en 1819, en la que hay una caricatura del General San Martín con cuerpo de tigre".

En 1863 aparece el periódico El Mosquito , que inaugura la ironía política. La anécdota aquí es que el dibujante emblemático de la revista fue Henri Stein, que publicaba sus dibujos en dos medios enfrentados: con su verdadero nombre en El Mosquito proalsinista; y con el seudónimo de Carlos Monet, en La Presidencia , aliada del mitrismo.

Un dato importante a tener en cuenta es que a partir de 1870 aparece la litografía, que perfecciona la impresión de manera considerable.

En el interior del país fue pionera la publicación rosarina La Cabrionera . Allí apareció un grabado que muestra a Mitre y Sarmiento en puja por el veto. "Empezaron a ser comunes las burlas a los políticos. Eduardo Sojo, fundador de Don Quijote , ante la prohibición de Juárez Celman de caricaturizarlo directamente, se refería a él como ‘burrito cordobés'".

José María Cao sobresale como dibujante de Don Quijote hacia 1900 y para muchos se convierte en el padre de la caricatura en Argentina.

Caras y caricaturas."Las transformaciones políticas, económicas, tecnológicas y sociales a fines del siglo 19 y comienzos del 20, juntamente con los fenómenos de urbanización y alfabetización, condujeron al surgimiento de los primeros semanarios populares cuya presencia en el contexto urbano transformaría el paisaje cultural de la modernidad", explican Sandra Szir y Julia Ariza.

Caras y Caretas fue el primero de ellos. Apareció el 8 de octubre de 1898, fundado por el periodista español Eustaquio Pellicer junto con Bartolomé Mitre y Vedia (hijo del ex presidente y fundador del diario La Nación ), y logró en poco tiempo un éxito sin precedentes, alcanzando una tirada inédita para el mercado local. Su primer director fue el escritor José S. Álvarez (Fray Mocho), acompañado por Manuel Mayol en la parte artística y por el mismo Pellicer como redactor principal.

"Estas tapas de Caras y Caretas son un ejemplo de los avances enormes en lo que hace a recursos gráficos: fotograbado, colores más la incorporación de fotografías, la convirtieron en un ícono de la modernidad y, como bien podemos observar, las caras cambian pero las caretas siguen siendo las mismas. Don Goyo de Sarrasqueta y Obes es considerado el primer personaje argentino de historieta", señala Maradei.

Al éxito de Caras y Caretas le siguieron PBT (1904), Fray Mocho (1908) y Plus Ultra (1916). Es muy importante la salida de Billiken en 1919".

La edad de oro. El año 1928 es un punto de inflexión en la historia de la historieta: aparece El Tony y el diario Crítica anuncia la llegada de Patoruzú .

El Tony es la primera revista con contenido exclusivamente de historietas. Se mantuvo vigente por más de 70 años. Patoruzú había sido publicada por primera vez en Crítica . Su autor, Dante Quinterno, se había formado con el legendario Mono Taborda precisamente en ese diario. Fue una de las tiras más perdurables y recordadas del siglo 20.

Las historietas florecen durante la década del '30. Diarios, revistas y lectores las consideran indispensables. Así surgen nuevos personajes "que conforman graciosos estereotipos sociales, basados en la observación de personas reales", señala la información del museo. Los dos más memorables son creaciones de Lino Palacio: Ramona y Don Fulgencio .

"A partir de la década del '30 se suceden memorables personajes de historieta", rememora Maradei, "muchos de ellos todavía se nos aparecen. En 1944 gana la calle Rico Tipo, con más de 300 mil ejemplares; de ella se hicieron muy famosas las ‘chicas Divito' que marcaron tendencia; también fueron muy exitosos Piantadino , Afanancio , Fúlmine , Purapinta , Dr. Merengue y muchos otros que representaban arquetipos urbanos".

Los '60 fueron tiempos de cambio, revulsión, conflicto y rebeldía, pero también de una fuerte vinculación entre cultura y política. El humor gráfico que no podía ser ajeno a ese ambiente, también se renovó.

¿Quiénes aportaron lo novedoso? Oski y Landrú, entre otros. " Tía Vicenta fue la revista que recuperó el humor político y reunió a los mejores humoristas de la época hasta su clausura en 1966 por parte de la dictadura militar. Los intentos de frenar y reencauzar, en sentido conservador y católico, las transformaciones sociales y culturales no impidieron la aparición de Mafalda ", señala Mara Burkat, desde el guión de la muestra.

Hugo Maradei agrega: "Hay que recordar que hubo un personaje llamado María Luz en 1955, creación de Roberto Bataglia, que a mi juicio anticipa la personalidad y la estética de Mafalda . Es muy interesante ver cómo las caricaturas se van convirtiendo en verdaderas obras de arte y acá hay ejemplos para admirar: este Woody Allen de Cascioli fue hecho con bolígrafos de colores".

Luego del Cordobazo, el clima político permitió florecer el campo del humor gráfico. Reaparecieron algunas revistas humorísticas y surgió una generación de dibujantes con nuevos estilos e ideas, con el objetivo de hacer humor más allá de las divisiones políticas.

En 1971, en Córdoba, Alberto Cognigni creó Hortensia. La revista "reivindicó la tradición humorística cordobesa e innovó en el humor costumbrista al valorizar la cultura popular. Su éxito le permitió conquistar Buenos Aires. En ella colaboraron, entre otros, Aldo Cuel, Ortiz, Cler, Amuchástegui, Ian, Caloi, Broccoli, Peiró, Crist y Fontanarrosa, quien comenzó a publicar allí sus historietas más célebres: Inodoro Pereyra y Boogie, el aceitoso ", explica la guía de la muestra.

En 1972, Satiricón apareció en Buenos Aires. Un año más tarde, el diario Clarín nacionalizó su página de humor: Landrú, Sabat, Fontanarrosa y Crist se sumaron a Ian, Dobal y Caloi, hasta entonces únicos humoristas locales en el diario.

Según Hugo Maradei, Humor Registrado es un hito en la historia del humor gráfico y su contexto. Después de la dictadura y ya entrada la década de los '90, comienza a decaer el producto revista de humor, pero se da paso a numerosos talentos que hacen las veces de editorialistas de diferentes diarios".

La muestra culmina con obras de Fontanarrosa, Crist, Sabat, Maitena, Liniers, Altuna y Trillo, Caloi, Nik, Tute, Langer, Rep, Sendra y siguen firmas.

 

Fuente: La Voz

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