Resistencia Huemul
Contacto Suscripción

Entrevistas

"La música es una herramienta de inclusión"

REPORTAJE a Andrea Merenzon. Integrante de la Filarmónica del Teatro Colón, premiada con un Grammy y por Cambridge y directora de los imponentes Festivales de Iguazú, cree que el arte es la mejor herramienta de contención social. Las orquestas juveniles, la militancia y el compromiso.

Por Magdalena Ruiz Guiñazu

02/06/12 - 09:47

Sin dudas, para el que llega a Misiones desde el aire la contemplación de esa selva aterciopelada e impenetrable con las legendarias cataratas envueltas en nubes de vapor se convierte en un privilegio sin comparación posible. Y si a todo esto le sumamos música del mejor nivel y la convicción de que, a través de esa misma música, cientos de chicos mirarán la vida con otros ojos, bueno... sólo nos queda admirar y agradecer a aquellos que lo han hecho posible.

Andrea Merenzon, por ejemplo, es directora ejecutiva de los Festivales de Iguazú y desde el momento en el que la vimos dirigir un ensayo general, nos impresionó la seguridad, el detallismo y la actitud profesional con que supo adueñarse del talento de setecientos chicos para impulsarlos a tocar la mejor música mientras que, otros trescientos, tomaban clases en distintos ámbitos.

-También colaboraban entre doscientos o trescientos adultos -añade Andrea y con sentido del humor, agrega:

-A veces dan más trabajo que los chicos. Pero durante toda la semana, ensayamos con los setecientos chicos y, por momentos, el trabajo fue muy intenso. Empezamos a ensayar a las nueve de la mañana y terminamos pasada la medianoche durante los días en que tuvimos actividades musicales. Los chicos también estaban cansados y son niños, pero lo que es muy impresionante es que, pese al cansancio y al estrés que significa tocar en conjunto y recibir instrucciones en cinco idiomas que permanentemente debemos usar para las directivas del ensayo, ellos, los chicos, están atentos a cuál es la indicación que se les imparte. De pronto, como decíamos, yo doy una indicación en varios idiomas pero pese a esto, ellos resistieron muy bien la semana de clases y ensayos hasta llegar al concierto final.

Andrea es fagotista e integrante de la Orquesta Filarmónica del Teatro Colón. Toca no solamente el fagot sino también el contrafagot.

Recordamos a esta mujer (joven, alta, rubia y atentísima a los menores detalles), de pie, frente a esa gran orquesta, varios coros y grupos musicales complementarios ubicados a ambos lados de los "Grillitos Sinfónicos" de Misiones y no podemos dejar de pensar que Andrea Merenzon también debe haber sido una niña prodigio.

Pero cuando tocamos ese tema, ella reacciona con naturalidad:

-Siempre tuve mucha facilidad para todo. No soy creyente, soy atea, pero pienso que la naturaleza me regaló condiciones naturales para varias cosas. Siempre fui muy consciente de eso y por eso estoy agradecida. Además, como vengo de una familia de músicos, empecé a estudiar con mi padre desde muy chica. También a trabajar. Ya a los 14 años tocaba profesionalmente y yo he sentido siempre que todas esas condiciones se me dieron "regaladas". No era mérito mío. Yo tenía que justificar todo eso. Y esto significa poner mucho esfuerzo de parte de uno. Mi papá siempre decía "en todo gran artista hay un 5% de inspiración y un 95% de transpiración". Yo era muy chiquita cuando escuché esa frase que me sorprendió y se me registró en la memoria. Además, creo que aparte de tener condiciones, ese regalo de la naturaleza que te mencionaba, puse también mucho esfuerzo, dediqué una gran cantidad de horas al estudio y así me desarrollé como intérprete. Durante un largo tiempo me dediqué, como fagotista, a preparar repertorio y trabajé con muchos compositores. Ayudé a generar todo un repertorio (que antes no existía) de música latinoamericana para este instrumento y durante muchos años asistí a congresos internacionales de la asociación que nuclea a todos los fagotistas y oboístas; fui vicepresidenta de la asociación y organicé un congreso aquí, en Argentina, al que llegaron 800 fagotistas del mundo entero y, en aquella etapa de mi vida (entre los 18 y los 35 años), contribuí en lo que sentía, en ese momento, que debía desarrollar el repertorio de mi instrumento. Fui a muchos lugares, toqué como solista y esto me dio no solamente mucho placer sino que me permitió conocer el mundo.

-Con modestia, no menciona que, por ejemplo, en 2005, recibió un Grammy a la mejor producción de álbum clásico y que en 1998 y 1999 fue elegida "Woman of the year" de instituciones como el Cambridge Biographical Institute.

-Con Gustavo Santaolalla (padrino de este Festival Internacional de Iguazú) hemos hablado mucho de todo esto. Hay personalidades que son más inquietas y a las que no les alcanza desarrollarse en un solo terreno. A mí siempre me gustó mucho la producción y siempre también tuve una necesidad de... Así como milité políticamente en el Sindicato de Músicos cuando tenía 18 años, luego me di cuenta de que con eso (que sin duda era muy lindo) no lograba modificar ciertas circunstancias a través de la política. Claro, dependemos de estructuras mucho más grandes de lo que uno puede lograr desde una militancia. Entonces encontré a través de la música una forma de contribuir de alguna manera en la sociedad. Por eso también me he quedado aquí, en Argentina. Estudié en Estados Unidos, he tocado muchas veces en Europa. Me ofrecieron, en varias oportunidades, muy buenos trabajos pero en esos lugares está prácticamente todo hecho. Y también es más difícil modificar ciertas cosas. En cambio, aquí está todo por hacer. A través de la militancia política y luego sindical, comencé a organizar festivales en los que se trabajara con muchos jóvenes. Empezamos entonces a organizar un encuentro de orquestas juveniles en Buenos Aires con la misma problemática.

-¿Cómo? Explíqueme, por favor.

-Claro, me refiero a una problemática de desprotección. En general, todas las orquestas juveniles (o sus proyectos) suelen estar dirigidos por personas con mucha vocación pero pocos recursos, poco conocimiento...Todos tenían las mismas dificultades. Algunos habían logrado resolverlas con mucha creatividad pero otros estaban estancados. Creí entonces que reuniéndolos a través de un intercambio de conocimientos y materiales, podíamos contribuir. Empezamos entonces a organizar un encuentro en Buenos Aires: hoy, ya se han hecho 13 Encuentros Internacionales de Orquestas Juveniles. Incluso, dimos un megaconcierto en el Luna Park con 2 mil chicos tocando juntos. Imaginate que estoy muy entrenada para manejar a grupos tan numerosos porque ya hace 12 años que organizo todos estos encuentros. Por eso, también, me llamaron desde Misiones y llegaron a mí a través de mis antecedentes y del Encuentro de Buenos Aires. Pero el fondo de estos eventos que organizo es una necesidad en la que se combinan el deseo de contribuir con la sociedad; modificar realidades y carencias, comprendiendo la música como la gran herramienta de inclusión y de contención social. Yo estoy convencida de esto. De hecho, Venezuela lo ha demostrado con su Sistema de Artistas infanto-juveniles. Es ya famoso a nivel mundial. Ellos tienen millones de chicos que están haciendo música. Empezaron con chicos de la calle y tienen un formato por el cual muchos chicos que, de no estar en el sistema de orquestas, estarían vagabundeando o delinquiendo. Los entrenan y se van incorporando con valores a los que es necesario dar acceso a esos niños. No hay que olvidar que casi todos vienen de familias en estado de vulnerabilidad, no tienen una educación formal que los contenga y, a través de la orquesta, la disciplina y el trabajo en equipo (recordemos que después de la escuela van a la orquesta) han cambiado sus vidas. En los últimos veinte años, entonces, el sistema de Venezuela irradió una idea que es ésta: la música como herramienta de inclusión y contención social. Y me refiero a inclusión para aquellos que están en estado de vulnerabilidad. En cambio, la contención puede ser para cualquier estrato social. Fijate que yo he visto en los encuentros que hacemos orquestas de chicos de colegios privados, de alto poder adquisitivo, en los que, a través de la actividad orquestal, los chicos se reencuentran. Porque también esos chicos tienen carencias: padres ausentes, acceso a todo lo material pero sin una motivación de vida, problemas vocacionales, acceso a la droga, etc. Y cuando encuentran en una orquesta un grupo de pertenencia y una actividad en la que puedan desarrollarse todos juntos, esos chicos encuentran una inclusión y una contención y, en ambos casos, la música es una excelente herramienta.

-Y supongo que un verdadero descubrimiento personal de otros valores.

-Todo esto, en los últimos años, motivó que me haya alejado un poco de mi trabajo como intérprete. Sigo siendo, por supuesto, integrante de la Orquesta Filarmónica pero en estos últimos años estoy más abocada a la producción y a este trabajo de contención social a través de la música. Y esto da mucha satisfacción. Pensá que entre estos 700 chicos que estuvieron en Iguazú había de todo. Chicos de culturas diferentes y otros de programas de inclusión y contención social. Por ejemplo, los de la Orquesta de Angola están comprendidos en un programa de Estado. Son huérfanos y, lo que es terrible, huérfanos de la guerra con vivencias espantosas y carencias tanto afectivas como materiales. Era la primera vez que salían de Angola. Cuando llegaron, si bien estaban muy prolijos y bien vestidos, tenían una expresión muy triste. Y cuando se fueron, eran otras personas. Otros chicos. Y te diría que todos los niños que llegaron con una visión del mundo se fueron con otra. ¿Por qué? Porque compartieron con chinos que tocan instrumentos tradicionales y con música y cultura diferentes; compartieron con rusos que vinieron haciendo jazz y también con cultura diferente; lo mismo que con franceses y brasileños, etc, y todo en torno de la música. Así pudimos comunicarnos y conocernos. Era muy emocionante ver cómo los chicos se comunican entre sí.

-¿En qué idioma?

-No se entendían a través del lenguaje hablado. Pero se entendían en alguna forma. Jugaban con mímicas y veíamos permanentemente a chicos que no hablaban el mismo idioma. Ni siquiera el inglés como idioma común. Cada uno seguía con su propio idioma pero lograban comunicarse con gestos y con muchas ganas.

-Había algunos más grandes. Por ejemplo, el grupo de Trinidad-Tobago.

-El límite de edad para intervenir en el festival era de 17 años. Lo que pasa es que al ser chicos de raza negra, parecían más grandes. Esto ocurre con ellos. Los chicos de los Tambores Metálicos de Trinidad-Tobago tenían entre 12 y 17 años. En cuanto a la brass-band de Ecuador, las edades van entre 7 y 18 y el líder de trompeta, 19. También ellos parecían más grandes.

-Otra cosa que también llama la atención es el fantástico movimiento coreográfico que tienen los coros y las mismas orquestas cuando se levantan y se sientan, mientras están tocando. ¡Esto sería imposible en orquestas de adultos donde la elasticidad de los músculos es bien distinta!

-No sólo porque carecen de esa elasticidad, sino porque tampoco se lo permiten. Es una concepción diferente. Por ejemplo, yo me desarrollé musicalmente desde los 14 años cuando ingresé a la Orquesta de Radio Nacional que, en aquel tiempo, era la preprofesional. Todos los profesionales del Teatro Colón pasamos por esa orquesta que tenía una formación muy prestigiosa pero jamás nos hubiéramos permitido mover ni una pestaña mientras tocábamos. La concepción de la música sinfónica era muy rígida. De hecho hasta el vestuario. Hoy, en un concierto de música sinfónica, el vestuario responde a una idea. De smoking o traje para los hombres y de negro las mujeres, "para no distraer al público", con la idea de que pueda concentrarse sólo en lo sonoro. Lo que ocurre es que éste es un formato que viene de siglos atrás y esta forma de vivenciar la música sinfónica con una actitud más corporal, más alegre, mezclando el baile y el movimiento con la música es la resultante de lo que ha hecho Venezuela. Por ejemplo, la orquesta Simón Bolívar juega mucho con la parte actoral. Incorporar estas coreografías es mucho más atractivo para el público y lógicamente para los chicos que se divierten tocando y terminan armando ellos solos sus coreografías. En el caso de Iguazú, como eran muchos y yo quería que visualmente se viera, incorporamos a un coreógrafo para los coros en sus entradas y sus movimientos. En ese contexto, es necesario contar con una voz conductora pero, en este caso, el coreógrafo hizo muy poco porque simplemente trabajó con los chicos y unificó la idea de movimientos hacia la derecha y hacia la izquierda, alternativamente. Lo notable es que los chicos proponían los movimientos. En la orquesta esto se dio en forma natural y era fantástico ver, de pronto, a los chinos bailando al compás de las obras africanas. Lo mismo ocurrió con los rusos. Cuando los niños saben que se les permite moverse mientras están tocando, no dejan de hacerlo. Todos quieren moverse. Esto es algo innato en la mayor parte de las criaturas del mundo. Salvo en aquellas que, culturalmente, son más reprimidas. Por ejemplo, los franceses. Cuando se fue, el director francés me dijo: "Aquí aprendí algo. Cuando llegue a Francia voy a contratar a un coreógrafo para que trabaje con nuestros chicos porque nuestros chicos no se permiten estas cosas". Claro, culturalmente los franceses están mucho más arraigados a este formato de orquesta rígida que al estilo más latino que tenemos aquí.

-Como espectador, llamaba la atención la armonía de los movimientos del coro que, además, ya iba avanzando rítmicamente rumbo al escenario. ¿Es para lograr que suban al escenario más relajados?

-No, no. Es para que se diviertan ellos y también nosotros. Obviamente, el espectáculo del concierto final, de acuerdo a mi punto de vista, tiene que reunir varios factores: uno es el repertorio. Debe ser atractivo para todo público. Otro factor: que los chicos se diviertan. Esto es muy lindo y trabajamos muy duro durante la semana para que suene bien y, al mismo tiempo, les proporcione libertad a los chicos. Que ellos mismos vayan armando las coreografías. Además, nosotros hemos logrado un escenario colorido, mandamos a hacer remeras combinadas con negro y naranja. Todo está muy pensado para que el resultado sea una gran fiesta. Es una manera diferente de mostrar música en orquestas que, además, sean multiculturales. El repertorio incluye obras de cada una de las culturas participantes y allí también cada grupo de los distintos países que han venido con sus instrumentos son acompañados por la gran orquesta. Nosotros queremos que todos, grandes y chicos, aprendamos y logremos convivir con una mayor tolerancia.

-Sin duda hay personajes que te llaman la atención. Los hermanitos Han, por ejemplo, tocando piano y violín. Tienen 9 y 12 años y escucharlos es muy impresionante. No sólo por ellos sino por su mamá que, como profesora de sus hijos, seguía casi con angustia las proezas de los chicos.

-Bueno, esos chicos tocan como tocan porque hay allí una madre muy disciplinada detrás. Esto tiene su pro y tiene su contra. Pero lo que yo rescato es, en primer lugar, que los chicos dieron un concierto impecable que dejó boquiabierto a todo el mundo Y, por otro lado, yo los vi a los chicos luego, en la orquesta, sentaditos en medio de otros chicos y también bailando y divertiéndose. Creo que para ellos fue una experiencia fantástica. Cuando les pregunté si volverían, saltaban de alegría. Seguramente, lo harán el año que viene.

-Con ese nivel de excelencia, deben trabajar varias horas por día ¿no?

-Sí. Pero, también van a un colegio para chicos con capacidades especiales. Tienen un nivel de inteligencia superior y son dotados no solamente para la música sino también para el dibujo. Están muy estimulados por el colegio y la madre me dijo que estudian música dos horas por día, lo cual tampoco es tanto. Conozco otros que dedican seis o siete horas por día a la música.

-¿Por qué viven en Australia?

-El padre es chino y la madre coreana, de origen chino. Son una segunda generación. Los padres de ambos emigraron a Australia y por eso los chicos vienen de allí aunque son de origen oriental.

-Y de acuerdo a tu notable experiencia, ¿cómo es el contacto con un superdotado? Por ejemplo en estos casos, los chicos se van mucho más alegres que cuando llegaron. Quizás porque han descubierto un mundo nuevo.

-A mí, lo que me fascina es ver esto. El año pasado vino una chiquita rusa que, cuando llegó, era un témpano de hielo. Nos dimos cuenta de que la madre la tenía muy rígidamente encuadrada... era brava, la mamá. Le daba veinte minutos para jugar y, aunque estuviera jugando con otros chicos, a la hora señalada se la llevaba a estudiar solfeo. A la chica le gustaba la música y, en la orquesta, empezó a jugar, a bailar y le cambió totalmente la expresión de la cara. Bueno, estos chicos, cuando se van, no son ciertamente los mismos que cuando llegaron. Vivieron algo totalmente diferente. No sé si la vida después será así: quizás les estamos mostrando una golosina que, a lo mejor, luego no será tan fácil de encontrar. No sé si hay muchas situaciones de vida tan excitantes como es este festival. Pero, por lo menos, vieron algo diferente de lo que conocían. Como te decía, suelen llegar con falta de alegría, una expresión muy seria y se van con otra. Cuando llegaron, los hermanitos Han no sonreían. Los habrás visto, al terminar el concierto, venir corriendo a darnos un abrazo y un beso. Y lo mismo ocurrió con los angoleños. "¿Por qué están con esa cara seria cuando estamos tocando un can-can? Yo quiero ver sonrisas", les dije en el ensayo. Me miraban asombrados, se aflojaron y a partir de ahí, no dejaron de bailar, de reírse. Como si les hubiera dado permiso para hacerlo. A veces hay que abrir una canilla para que el desahogo fluya como el agua. Estoy convencida de que los chicos de cualquier cultura disfrutan mucho cuando pueden desahogarse, aunque siempre hay que trabajar con disciplina y seriedad. Si no, no hubiéramos podido preparar veinte obras en cuatro días. Y esto es, para mí, el mayor de los premios.

 

Fuente: Perfil

Buscar en el sitio Buscar en el sitio

Más notas

©2011 - www.resistenciahuemul.com.ar - Todos los derechos reservados