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''Un clown es uno mismo que se pone en juego''

Fue actor "serio" por siete temporadas en el San Martín y tiene una múltiple formación. Propone a sus alumnos celebrar y jugar con lo que son, porque al final es terapéutico.

Marcelo Katz, director de La Trup

29/12/2011
Por Einat Rozenwasser

 

Había una vez una troupe que viajaba por el mundo. Ok, puede que la imagen resulte demasiado amplia para empezar. Con un poco de zoom diremos que ‘esa vez' era alrededor de 1989 y que el grupo era un elenco del Teatro San Martín que llegaba a Trieste, Italia, para presentarse en un festival. En eso estaban cuando se toparon con un clown. Congelen la foto. El de la cara de sorpresa es Marcelo Katz, que esa noche volvió a la habitación que compartía con Federico D'Elía y Marcelo Serre y les dijo: "Esto es lo que quiero hacer".

"Esto, esto, ¿qué es esto?", preguntará el interlocutor de turno, que no debe olvidar de exagerar el gesto e inclinar la cadera hacia un lado, llevar una mano a la cintura y juntar los dedos de la otra, que se moverá ampulosamente de arriba a abajo (sí, con acting y todo, que si no jugamos a esta altura del año, ¿¡qué nos queda!?). "Un clown es uno mismo puesto en juego", intenta explicar el hombre que tiempo después formaría La Trup, primera compañía de Nuevo Circo en la escena local.

Si en lugar de texto esta nota fuera una historia actuada, tendría que aparecer en escena el bufón que intenta descubrir cómo es eso del "uno puesto en juego". ¿Nos convertimos en dados rodantes? ¿En un alfil que va en busca de la reina? ¿En una pelota que va de un lado a otro? "Trabajás con lo que vos sos, y jugás con eso. Todos tenemos cosas que no nos gustan, o cosas que quisiéramos tener en nuestra personalidad, nuestro estilo, el cuerpo... El clown propone celebrar y jugar con lo que sos. Se podría decir que cada persona lleva los genes de sus padres, y el clown lleva los genes propios", sigue Katz, que está ensayando los espectáculos que presentará en 2012.

¿Es diferente al payaso?
En principio el payaso es de circo y el clown es más teatral, aunque a veces las fronteras no funcionan tan así. Además del vestuario y el maquillaje, el payaso trabaja sobre todo con los arquetipos del ridículo universal, mientras que el clown apunta a una búsqueda más personal, interna, que tiene que ver con sus propios deseos, ilusiones, temores...
En plan de definiciones dirá también que se trata de mostrar lo que verdaderamente pasa. "Si te enojás, si te perdés, si estás incómodo con el ejercicio, con el compañero... La idea es evitar la máscara social del ‘está todo bien' y por dentro estar rumiando, mostrar lo que hay y jugar con eso, en un mundo donde estamos entregando todo el tiempo una cosa un poco armada, empaquetada y decidida", apunta.
Es un trabajo muy terapéutico...
Como formadores y directores teatrales no nos posicionamos desde ese lugar. Es un trabajo de perseverar en el ser y cuando uno se amiga con lo que es, termina siendo terapéutico. Pero la propuesta no es ‘vamos a cambiarte', sino ‘vamos a trabajar para que te aceptes, juegues y le regales al público lo que sos'.
Recuperar la espontaneidad es el punto de partida para los cientos de alumnos de todas las edades que acuden a sus clases (de muy pocos hasta... ¡87 años!). "No pasar todo a priori por la cabeza, sino dejar salir los impulsos y en todo caso ver a posteriori si va bien o si hay que cambiar el rumbo. También trabajar sobre el vacío para no estar pensando todo el tiempo qué tenés que hacer después, sino confiar en las sensaciones, en la intuición y no estar pensando ‘por qué hice esto'", apunta.

¿Por qué ganan adeptos este tipo de géneros?
Porque llega, porque no hay que tener gran formación teatral para decodificarlo, porque no te quedás afuera. Todos jugamos en algún momento de la vida y nos divertimos o emocionamos a partir de cosas muy simples, que tocan fibras profundas sin grandes parafernalias.

 

Fuente: Clarín

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