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Medios en el Mundo II

Otra muestra de miedo a la libertad de expresión

01:30 - Las patotas encolumnadas con D''Elía tuvieron una "zona liberada" para la agresión contra AM 840.

06 de Agosto de 2014

Salta

Francisco Sotelo

El escrache contra la AM 840, el lunes por la noche, pareció una parte de la campaña contra Juan Carlos Romero, pero en realidad es una muestra de la fragilidad de la libertad de prensa en la concepción política de Juan Manuel Urtubey.
Un grupo de activistas de Miles, sello político financiado por el Gobierno provincial, bloqueó las puertas de la radio e impidió la salida del personal que había concluido su jornada. Esto, en nuestro idioma, se llama "privación ilegítima de la libertad". Los oficialistas cortaron, además, la calle y pretendieron impedir la emisión de un programa.
Una sucesión de irregularidades que contó con la protección de la policía, que hizo caso omiso a las denuncias de la producción, del ministro de Seguridad, Alejandro Cornejo, habitualmente dispuesto a hablar con cualquier medio, pero que había apagado su celular, y del ministro de Gobierno, Eduardo Sylvester, que tampoco atendió el teléfono.
Anoche, los diputados opositores Mario Abalos y Liliana Mazzone denunciaron en la Legislatura que lo ocurrido se trató "no solo de una persecución política, sino de un artero ataque a la libertad de expresión". También denunciaron la presencia de "patotas rentadas" y sostuvieron que todo lo ocurrido es una muestra de "el clima de violencia que genera el oficialismo".
"Hubo zona liberada", denunció Mazzone.
La explicación está en que esa noche, el candidato a gobernador Juan Carlos Romero retomó su programa radial, en el cual dialoga con la gente que lo llama y se comunica con los que quieren escucharlo. Los demás buscan otro punto del dial.
Es claro: se trata de un programa político, pero se enmarca dentro de la libertad de expresión, que es un derecho consagrado. A algunos les interesa y a otros no les gusta, pero los únicos que contra su voluntad no pueden dejar de escucharlo son el gobernador Juan Manuel Urtubey y sus funcionarios. Por eso enviaron a un colaborador todoterreno, Diego Barreto, cuya trayectoria como subsecretario de Tierra y Habitat dejó una estela de sombras.
Barreto, encolumnado a nivel nacional con una figura emblemática de la política de la compulsión y la violencia, Luis D''Elía, al frente de los activistas de Miles, intentó impedir que el programa de Romero saliera al aire. A pesar de que se trata de una metodología habitual en el oficialismo salteño, ayer parecen haber reparado que un escrache de ese tipo no es otra cosa que una muestra de temor. Por eso, ordenaron a Sylvester que saliera a despejar dudas. El ministro afirmó, sin que nadie le preguntara, que Romero, "tiene escasas posibilidades de triunfar en las próximas elecciones" y agregó que no le cabe "ningún tipo de duda de que Romero forma parte del pasado". Los hechos muestran otra cosa. La movilización del lunes no fue la única manifestación autoritaria.
Pocos días atrás, varios integrantes del gabinete, incluido el ministro Carlos Parodi, amenazaron a las autoridades de FM Pacífico cuando Juan Carlos Villamayor no escatimó críticas, comparaciones y adjetivos contra Urtubey. Los teléfonos de la radio estaban al rojo vivo, por la opinión de Villamayor, nada más.
El gesto demostró que el gobernador solo tolera elogios y aplausos. No es Romero ni Villamayor quienes lo ponen nervioso, sino su propia fragilidad.
Días antes, cuando el senador nacional fue a Tartagal el gobierno había intentado, sin éxito, montar un piquete en su contra.
De todos modos, no deja de sorprender la elección del operador, especialista en las acciones más sucias de la vida política.
Diego Barreto fue denunciado siendo funcionario por vecinos de la zona sur ante el procurador general de la Provincia, Pablo López Viñals, por presuntos delitos de acción pública que involucran a las 39 hectáreas expropiadas a la sucesión de Celestino Burgos. La acusación no es menor: allí denunciaron la aparición de vendedores irregulares de lotes y aseguraron que el jefe de la agrupación Miles había prometido parcelas a vecinos que aceptaran viajar a Buenos Aires, con gastos pagos, para asistir a un acto político. Al convertirse en impresentable, le dieron nueva tarea, con todas las garantías: el lunes, ni el 911 atendió a AM 840.

Fuente: El Tribuno

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