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Alerta Salud

Jóvenes estresados a los 25 años

Desde hace un tiempo se observa que se presentan alteraciones cada vez a más temprana edad, generalmente en personas que estudian y trabajan o tienen cargos jerárquicos. Calidad de vida afectada.

Edición Impresa: lunes, 05 de agosto de 2013

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Consecuencias

Verónica De Vita - vdevita@losandes.com.ar

Al palo. Esta expresión tan común entre los jóvenes es tan breve como gráfica para explicar la forma en la que éstos viven actualmente. Para un amplio segmento el mandato social marca que hay que ser exitoso, que hay que lograr objetivos y la inmediatez de los tiempos actuales imprime una aceleración particular a estos logros. La alta autoexigencia también es una mochila pesada.

Estudian, trabajan y acceden tempranamente a cargos gerenciales. Pero esta vorágine en la que se ven envueltos les está pasando factura a su salud.

Por estrés, muchos no pueden dormir o descansar adecuadamente, están agotados, desganados, a veces frustrados y por ello no son pocos los que ven que su organismo se altera dando señales de alarma. Lo llamativo es que este fenómeno se está notando en gente cada vez más joven: hasta hace poco se presentaba a partir de los 40 años, ahora desde los 25.

"Tengo trastornos en todos los sistemas, ansiedad, astenia psicofísica (cansancio permanente), los ciclos alterados, insomnio y por eso, somnolencia", enumera Diego Morales (25) que en su relato deja traslucir sus conocimientos en Medicina ya que cursa cuarto año de esta formación que lleva al día con buen rendimiento académico; además trabaja.

Cuenta que empezó tarde a estudiar porque antes había pasado por otras cuatro carreras por lo cual los primeros pasos en esta rama los dio a los 22. Esta es una de las causas de lo que reconoce como una ansiedad por recibirse ya que la carga de estudios exigentes se suma un trabajo que no termina de conformarlo, por eso asegura que "no la voy a poder controlar hasta que me reciba".

Mucho más joven, Melanie Escobar (22) consultó al médico por su cansancio y agotamiento mental, acompañado de mareos, baja presión sanguínea y momentos en que la mente le queda "en blanco".

El profesional le diagnosticó estrés y le recomendó tomarse con más tranquilidad el profesorado de Lengua y Literatura que sigue. "Es por andar a full todo el día, todos los días -comenta la chica que además trabaja- pero uno no se da cuenta que está nervioso y además duermo poco porque no me alcanza el tiempo".

Más presiones

Este panorama quedó plasmado en los resultados de una encuesta realizada por la consultora D`Alessio IROL sobre 500 personas, difundida por la Sociedad de Medicina del Trabajo de Buenos Aires.

Allí se menciona que el 80% de los trabajadores encuestados padece esta enfermedad y que la mayoría tiene menos de 25 años. Así, un 60% de los trabajadores sufre de contracturas frecuentes; 59% dijo perder rápidamente la paciencia; 58% está más impulsivo, agresivo o insatisfecho que lo usual, y el 54% padece de insomnio o duerme mal, según publicó el diario El Cronista Comercial.

La consultora concluye que "el sentimiento de estrés se dispara a partir de los 25 años. A partir de esa edad, y entre los 25 y los 45 años afecta a 6 de cada 10 consultados" mientras que la mayoría asegura sufrir sus consecuencias semanalmente. Menciona como causa "las mayores responsabilidades, que implican el crecimiento a nivel familiar y laboral lo cual aumenta las presiones.

Sin embargo y pese a la disminución en la calidad de vida que conlleva, no suele ser motivo de consulta médica al menos hasta que se vuelve crónico; ni se ven muchos casos a través de las Aseguradoras de Riesgos de Trabajo, según mencionó el doctor Eduardo Palacio, presidente de la Sociedad de Medicina del Trabajo de Mendoza.

Mariana (30) estudia profesorado de Historia y cumple funciones en una Municipalidad; reconoce que muchas veces se siente saturada y muy cansada porque da más de lo que se le pide lo cual atribuye a su personalidad autoexigente y sumamente responsable.

"Aunque soy una persona tolerante me ha pasado un par de veces de explotar en el trabajo y eso no está bueno". Sin embargo no ha pensado en consultar a una psicóloga ya que considera que puede manejar la situación a través de ciertas actitudes como desconectarse del trabajo ni bien sale, "lo haría si la situación me desborda".

La psicóloga Social y Laboral Nilda Bautista explica que el estrés de este tipo aparece en todas las edades pero se ve cada vez más en jóvenes por su temprana inserción laboral. Explica que se trata de las consecuencias que sufre el organismo a partir de las condiciones de trabajo, ya que éste involucra riesgos físicos, químicos, biológicos asociados al ambiente donde se desempeñe a los cual se suman factores psicosociales.

Autoexigencia

La autoexigencia es una de las causas más mencionados por los consultados. "Vemos una camada de jóvenes con mucha exigencia: hay que ser buen hijo, buen estudiante, buen profesional", señala la licenciada en Administración, Mariela Caselles, de la consultora local Master Consulting.

Desde su punto de vista se corre detrás de objetivos en el corto plazo y no desde el disfrute por lo cual se observa mucha frustración, poco compromiso con las empresas y por lo tanto mucho recambio: se busca cambiar de puesto como una especie desafío.

"A los 25 tenés que hacer todo y a los 30 tenés que ser CEO" dice Caselles. Aunque hay más posibilidades de estudiar esto nunca parece suficiente por lo que aparecen las insatisfacciones; como contrapartida, la formación les permite acceder rápidamente a cargos jerárquicos y jefaturas. Sin embargo, las demandas de estos puestos son mayores y aunque hayan accedido a educación superior al ser tan jóvenes no tienen herramientas para hacerle frente.

"No cuentan con la experiencia que da la calle e internamente no están preparados, entonces aparecen los ataques de pánico y la ansiedad que tienen que ver con el miedo a fracasar, eso es algo que vemos muchísimo", destaca la profesional.

En tanto, para la psicóloga Bautista: "la aceleración de los cambios tecnológicos repercute en la forma de producción, en la rutina y en la forma de comunicación, pese a que se está más conectado hay escasa calidad de las relaciones sociales". Esto modifica el entorno laboral y aumenta la aparición de enfermedades crónicas como el estrés con consecuencias sobre la salud de las personas y de las organizaciones.

"Son manifestaciones físicas y emocionales que ocurren cuando una actividad no iguala los recursos o las necesidades".

Señaló que los primeros síntomas son el agotamiento, el desgano y la falta de entusiasmo por las actividades laborales y cotidianas y sugirió como mecanismo para paliarlo la recuperación de un descanso adecuado, actividades al aire libre y mayor contacto con familiares y amigos.

Además, es necesario mejorar las condiciones de trabajo dentro de lo cual hay que incluir la valoración y gratificación por parte de los superiores por la tarea realizada.

 

Fuente: Los Andes

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