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Economia y Finanzas

Problemas que ocultan los números

Desde que el Gobierno nacional decidió manipular los datos del IPC, ha producido una gran cantidad de efectos secundarios, algunos queridos y otros inesperados, cuya solución todavía no se encara.

Edición Impresa: jueves, 20 de septiembre de 2012

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

La manipulación de los índices de precios se hace registrando de manera arbitraria valores que nunca nadie vio, con el objetivo de obtener un índice bajo. Esto nació cuando, al acelerarse el ritmo de los precios, el gobierno vio que debía pagar sumas muchos mayores de las calculadas en los bonos ajustados por CER, que es una fórmula de actualización por inflación.

Ante esta situación, habilitó al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, para intervenir el Indec, y como los técnicos encargados se negaban a cambiar los métodos tradicionales, estos funcionarios fueron desplazados y reemplazados por nuevos técnicos "obedientes".

Este proceso comenzó en 2005, pero se profundizó en 2006 y 2007. Una de las consecuencias que no se tuvieron en cuenta es que había otros bonos que tienen un cupón que denomina PBI o "atado al crecimiento".

Este cupón devenga un ajuste que equivale al crecimiento de la economía por sobre la pauta oficial de crecimiento aprobada en el presupuesto el año anterior.

Desde el comienzo de la gestión de Néstor Kirchner, el gobierno preveía pautas de crecimiento cercanas al 4%, pero como era mayor, aprovechaban la Ley de Emergencia económica para manejar en forma discrecional los recursos que llegaran por sobre lo estimado, sin necesidad de aprobación previa por el Congreso.

Cuando el gobierno calcula una tasa de inflación menor a la real hace aumentar la tasa de crecimiento, ya que esta se calcula neta de inflación. Si ajusta por una tasa más baja, le da un crecimiento más alto, para regocijo de los funcionarios, que creen que son magos ya que hacen crecer la economía con la calculadora y no con inversión y trabajo.

Pero ese crecimiento más alto, le trajo al gobierno un problema no calculado. Ha tenido que pagar sumas cada vez mayores a las que realmente debería haber abonado por el cupón PBI. De hecho, en diciembre próximo el gobierno deberá pagar 2.700 millones de dólares por este concepto. O sea, lo que ahorró por un lado lo gastó por otro, pero lesionó gravemente la credibilidad del sistema de estadísticas públicas.

Pobreza e indigencia

Es real que desde 2003 el proceso de recuperación de la economía generó mayor empleo y mejores niveles salariales, producto de las negociaciones paritarias.

También los jubilados tuvieron importantes incrementos de haberes, a pesar de que la mayoría sigue en la mínima y que esta es muy baja.

Pero es cierto también que ese crecimiento de ingresos se dio en sectores favorecidos por las políticas del gobierno y merced a astutas negociaciones de los dirigentes sindicales.
La realidad es que no gana lo mismo un petrolero, un chofer de colectivos o de camiones que un mercantil, un enfermero o un maestro.

Y así como algunos están en niveles muy altos y reclaman porque el mayor sueldo es afectado por el impuesto a las Ganancias, los que menos ganan están en niveles límites, afectados por el crecimiento de los precios que el gobierno solapadamente mantiene oculto. En este caso, a los pobres los complica mucho el impuesto inflacionario.

El problema es que el gobierno no encara seriamente el problema para asistir a la cantidad de personas bajo la línea de indigencia, porque sería admitir que los números del Indec no son reales.

Es que al consignar valores ridículamente bajos surge que la canasta básica para una familia tipo es de menos de 700 pesos mensuales, lo que daba el promedio de $ 5,90 por día por persona.

De la misma manera, al consignar valores bajos, el gobierno consigue, mágicamente, disminuir la cantidad de pobres.

Hace algunos días, una ONG dedicada a estudiar problemas sociales presentó un relevamiento de precios utilizando los mismos productos que, teóricamente, mide el Indec.

Encontraron todo tipo de precios y en lugar de hacer un promedio ponderado, como indicaría la metodología técnica, solo consignaron los precios más bajos. Con este método, llegaron a una canasta básica cercana a los 1.500 pesos, aproximadamente. Los autores explicaron que lo habían hecho así a propósito, para demostrar la mentira del Indec.

El problema de la pobreza e indigencia es mucho más grave de lo que indican los índices. Basta señalar que el 80% de los jubilados, que son los que cobran la mínima, estarían por debajo de la línea de indigencia.

Mentir siempre se puede, el problema es que, en este caso, salieron las cosas al revés. No lo cree la población y sí se lo creen los funcionarios, por lo cual no toman medidas para encontrar una solución digna para muchos argentinos que nunca pudieron participar de la "fiesta" del modelo.

 

Fuente: Los Andes

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