Resistencia Huemul
Contacto Suscripción

Historia Argentina

Don José

SAN MARTÍN, UN PRÓCER ALEJADO DEL BRONCE APRISIONADOR

Fernando Paolella

17 / 08 / 2010

El Padre de la Patria, aquel correntino que la tenía muy clara, tiene varias facetas interesantes que felizmente lo alejan de ese bronce al que lo destinaron quienes fueron sus enemigos más acérrimos. Aquel que cedió el puesto a un ambicioso Simón Bolívar en la entrevista de Guayaquil, renunciando a los honores y retirándose a la vida privada. En 1823 intenta regresar a Buenos Aires, pues su querida Mercedes estaba muy enferma. Pero Bernardino Rivadavia, el unitario que regía los destinos del país, le niega su ingreso argumentando que no se hacía responsable de garantizarle su seguridad.

Es que el ilustre general se había negado de plano a reprimir a los caudillos federales del interior, y los doctores del puerto interpretaron ese gesto como un acto de traición a la Patria... Finalmente, en agosto de aquel año llega a esta ciudad, pero lamentablemente su esposa ya había fallecido. A pesar de este dolor, se le acusó de conspirador a causa de su negativa a sumarse al bando de los celestes. Y finalmente, decide poner rumbo a Europa en 1824, junto a su hija Merceditas.

Primeramente instalado en Escocia, luego se trasladan a Bruselas para finalmente establecerse en París. En marzo de 1829 de nuevo pretende regresar a Buenos Aires, pero al enterarse que el gobernador federal Manuel Dorrego había sido derrotado en Navarro por Juan Lavalle, que posteriormente lo haría fusilar, se niega de plano a desembarcar.

Aunque el antiguo subordinado le ofrecería la gobernación bonaerense, San Martín se niega de plano y lo desautoriza en una imperdible misiva en la cual lo califica de "espada sin cabeza" dándose cuenta que él sólo es la pata militar del golpe de estado unitario. No concebía que "un hombre del arma de caballería se pusiera a reformador de leyes", pues sabía muy bien que detrás del brazo ejecutor estaban los ideólogos Felipe Varela y Bonifacio María del Carril, concebidos erróneamente que su muerte inútil acabaría para siempre con la oposición federal.

Y lleno de dolor, emprende de nuevo el regreso a Europa.

Un héroe coherente

En 1839, con motivo del bloqueo anglo-francés, escribe a Juan Manuel de Rosas: "Gran Bourg, 7 leguas de París 10 de junio de 1839. Exmo. Sr. capitán general D. Juan Manuel de Rosas. Respetable general y señor: Es con verdadera satisfacción que he recibido su apreciable del 24 de enero del corriente año; ella me hace más honor de lo que mis servicios merecen; de todos modos, la aprobación de estos por los hombres de bien es la recompensa más satisfactoria que uno puede recibir.

Los impresos que usted ha tenido la bondad de remitirme, me han puesto al corriente de las causas que han dado margen a nuestra desavenencia con el gobierno francés: confieso a usted, apreciable general, que es menester no tener el menor sentimiento de justicia, para mirar con indiferencia un tal abuso del poder; por otra parte, la conducta de los agentes de este gobierno, tanto en este país como en la Banda Oriental, no puede calificarse sino dándosele el nombre de verdaderos revolucionarios; ella no pertenece a un gobierno fuerte y civilizado; pero es que ni en la Cámara de los Pares, ni en la de los Representantes no ha habido un sólo individuo que haya exigido del ministerio la correspondencia que ha mediado con nuestro gobierno, para proceder de un modo tan violento como injusto: esta conducta puede atribuirse a un orgullo nacional, cuando puede ejercerse impunemente contra un estado débil o a la falta de experiencia en el gobierno representativo y a la ligereza proverbial de esta nación; pero lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer.

Me dice en su apreciable, que mis servicios pueden ser de utilidad á nuestra Patria en Europa; yo estoy pronto a rendírselos con la mayor satisfacción; pero, y faltaría a la confianza con la que usted me honra, si no le manifestase, que destinado a las armas desde mis primeros años, ni mi educación, ilustración, ni talentos no son propios para desempeñar una comisión de cuyo éxito puede depender la felicidad de nuestro país; si un sincero deseo del acierto y una buena voluntad fuesen suficientes para corresponder a la tal confianza, usted puede contar con ambas cosas con toda seguridad, pero estos deseos son nulos sino los acompañan otras cualidades. Deseo a usted acierto en todo y una salud cumplida, igualmente el que me crea sinceramente su afecto servidor y compatriota. José de San Martín" Así, en noviembre de 1845, enterado de la heroica defensa de la Vuelta de Obligado por parte del general Lucio Mansilla, le regala a Rosas su célebre sable corvo "como una prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla".

Instalado definitivamente en Boulogne- sur- Mer, en la costa normanda, en 1848, muere dos años después el 17 de agosto de 1850 a los 72 años.

Pero lo que lo hace realmente grande, y eso definitivamente lo aleja del bronce aprisionador, es su coherencia a toda prueba. Más allá de la polémica del irrestricto apoyo a Rosas, no dio el brazo a torcer ante la persistencia unitaria de involucrarlo en la contienda civil, teniendo la firme premonición de que efectivamente ese bando sería el perdedor. Y esto no fue precisamente porque Rosas haya sido mejor o peor, sino que su cortedad de miras y de criterio, y su absoluto desprecio hacia el interior del país fueron decisorios para marcar su derrota en esa etapa crucial de nuestra historia.

 

Fuente: Tribuna de Periodistas

Buscar en el sitio Buscar en el sitio

Más notas

©2011 - www.resistenciahuemul.com.ar - Todos los derechos reservados