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Educacion y Cultura

La atención es una virtud en vías de extinción

TRIBUNA

POR FERNANDO SAVATER FILOSOFO Y ESCRITOR ESPAÑOL

27/05/12

En mi remota infancia fui devoto seguidor de la revista cómica "Pulgarcito", en la que aparecían las aventuras de Zipi y Zape dibujadas por José Escobar. Eran dos niños permanente e imaginativamente traviesos, que desesperaban a su solemne padre y al resto de la familia. A pesar de la profecía que su nombre puede dar a entender, ni Zipi ni Zape sabían nada del zapping ni de videojuegos ni tampoco de teléfonos celulares: todas esas maravillas llegarían mucho después de la desaparición de "Pulgarcito" y de la muerte del risueño y a su modo subversivo Escobar. Pero yo me acuerdo de ellos, caprichos de la vacilante memoria senil, cada vez que veo a los adolescentes de hoy zapeando incansablemente mientras se envían mensajes con sus celulares.

Es una afición tan absorbent e que ha supuesto todo un cambio en los comportamientos juveniles. No digo que no se hayan ganado cosas, pero sin duda hay una que ha resultado seriamente perjudicada o incluso perdida: la atención.

Exigir hoy una atención sostenida por más de media hora a alguien, sobre todo si tiene menos de venticinco años, resulta un abuso casi totalitario : todo el mundo defiende su derecho a hacer compatible la conversación entre amigos, la asistencia a una clase o a una obra de teatro con el incesante jugueteo con el celular. Hace poco tiempo, si alguien con quien compartimos almuerzo se hubiera puesto a leer el periódico mientras distraídamente charlaba con nosotros lo habríamos considerado un grosero imperdonable. Hoy, si se dedica a mandar mensajes por su smatphone la grosería sería afearle su comportamiento ... En las aulas, el profesor tiene que aceptar la competencia de Twitter, mensajes y videojuegos mientras imparte su lección : si reclama una atención exclusiva, inmediatamente se ganará fama de autoritario y puede quedarse solo entre los pupitres. Pero no es un problema exclusivo de los centros de enseñanza. La federación de empresarios de salas de cine de Estados Unidos ha pedido que se autorice el uso libre de celulares dentro de ellas: según parece, si los jóvenes tienen que prescindir de sus comunicaciones y entretenimientos virtuales durante la película desertarán de las plateas . Para que consientan en asistir a un espectáculo o una clase, tiene que ser reconocido su derecho inviolable a estar dedicados a su autismo mecanizado.

Prestar atención no es un hábito obsoleto ni un capricho, sino el requisito inaplazable para conseguir buena parte de lo más importante de la vida: sin atención nadie puede aprender, ni comprender las razones de los otros, ni disfrutar de la belleza de la naturaleza o del arte, ni enamorarse, ni participar en la mejora de la sociedad.

Sin atención no hay lectura, ni cine, ni teatro, ni conversación inteligente, ni erotismo, ni piedad. Internet, los teléfonos móviles, las consolas y demás consuelos son cosas estupendas, pero incluso todo ello requiere cierta continuidad de la atención para ser bien utilizado. Estoy completamente seguro de que Zipe y Zape, si hoy estuvieran entre nosotros, también necesitarían prestar atención para llevar a cabo sus jugarretas maliciosas. Quien no presta atención a las cosas y las ideas de este mundo no por ello es más moderno, pero puede acabar presa de una idiotez virtual.

Copyright El País, 2012.

Fuente: Clarin

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