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Educacion y Cultura

Cómo ayudar a los chicos a elegir su carrera

En los últimos años de la secundaria, los adolescentes sienten la presión de decidir qué van estudiar al terminar la escuela. Algunas claves para orientarlos en este proceso.

Decisión difícil. Leandro Altamirano, Sebastián Montes y Antonio Pucheta acaban de elegir sus carreras.

Por Brian Majlin

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25/07/13

El lunes comienzan de nuevo las clases y, para muchos chicos en el último año de la secundaria, la segunda mitad del año es crucial: en estos meses se agudiza la presión de definir qué van estudiar cuando terminen la escuela.

Para la gran mayoría, la decisión implica una crisis en la que confluyen el temor a equivocarse, la dificultad de conseguir empleo y la multiplicidad de ofertas profesionales y académicas: más de 500 opciones en 115 universidades y cientos de institutos terciarios.

En la elección del proyecto individual entran en juego las motivaciones propias, las oportunidades y las necesidades del contexto. Los especialistas coinciden en el rechazo a los tradicionales tests -basados en la idea de que existen tendencias vocacionales innatas- y señalan que los chicos necesitan el apoyo de los adultos.

"Hacemos acompañamiento en los procesos de elección y autoconocimiento. No nos enfocamos en un resultado, sino en una serie de entrevistas guiadas", explican Norma Ferrara, Raquel Garese y Cecilia Cirulli, psicólogas de la Red de Orientación para el Trabajo y la Educación, que engloba a los equipos de orientación dependientes del Ministerio de Salud porteño.

Las estadísticas nacionales señalan que el 76% de los estudiantes universitarios abandona o se atrasa. Esto se debe, en parte, a la falta de información que tienen los alumnos al ingresar a la carrera, al apuro por decidir, o a la búsqueda de un éxito laboral que no está garantizado en el estudio.

"Llegás a ese momento de elegir y entrás en crisis -relata Sebastián Montes, que este año arrancó el CBC de Abogacía-. No sabía qué hacer y empecé a hablar con compañeros, mi madre, profesores. Muchos chicos se apresuran y se equivocan por eso". Antonio Pucheta y Leandro Altamirano coinciden con él. Ellos se anotaron en Medicina y también sintieron la presión de elegir: "Somos un caso atípico, la mayoría de nuestros amigos no sabe aún qué estudiar".

La psicóloga Stella Calvo, especializada en orientación vocacional y fundadora del Instituto De Aquí en Más, advierte: "La elección no es un ‘problema'. La familia lo piensa así a veces y genera un estigma". Calvo propone "diferenciar éxito económico de éxito en el sentido de hacer lo que uno disfruta".

Dos grandes temores se conjugan: el miedo a equivocarse y a no elegir lo que uno realmente quiere. El rol de padres y docentes es vital en el proceso: ellos pueden alivianar esa carga negativa. La información es un factor clave: "Nadie elige lo que no conoce. A partir del conocimiento se puede jerarquizar las diversas opciones y hacer una elección", explica Cecilia Cirulli.

Los especialistas advierten que no hay que cercenar de antemano las posibilidades de los chicos. "La voluntad debe ser abrir el abanico de opciones, sin perder de vista la realidad laboral ", explica la pedagoga Beatriz Galant. Para ella, "la orientación vocacional tendría que ser parte del quehacer diario de las escuelas. Trabajar estos temas en grupo permite escuchar a los otros y abrir la mente a otros gustos".

Los modelos, tanto positivos como negativos, desempeñan un rol crucial a la hora de las elecciones. En primer término, los padres: si se toman el tiempo para relatar sus experiencias y los vaivenes de su historia, pueden alivianar el peso de la decisión. Galant también propone "facilitar desde la escuela el contacto con profesionales avanzados y recién recibidos de las diferentes carreras, para que los estudiantes los escuchen y puedan quizás identificarse".

Siempre hay un motivo para la elección, y suele estar en la historia personal. Sebastián cuenta: "Desde pibe me interesaba abogacía porque siempre quise defender a aquellos que están en situaciones de injusticia". Leandro añade: "Quiero ser médico porque mi papá tenía problemas del corazón". También tienen peso otros factores subjetivos: "A mí me encantaría laburar en una oficina -dice Antonio, hijo de un plomero-, no ensuciándome las manos como mi viejo. Y que la gente me respete".

Los tres confiesan que detrás de su seguridad -o de sus incertidumbres asumidas- están los apoyos recibidos en este tiempo de decisión. Sebastián concluye: "Los padres y los profesores pueden influirte y ayudar. Yo tenía mucho miedo de equivocarme, hasta que un profesor me dijo que no tuviera miedo, que siempre se puede volver a empezar".

Más información: Desorientación vocacional, una marca de época

 

Fuente: Clarin

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