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Educacion y Cultura

De 'Socorro' al hip hop, la Feria del Libro Infantil está en ebullición

Eligen los chicos y el libro de Elsa Bornemann marcha entre los más vendidos, junto con Gaturro y los de terror.

A todo color. La Feria durante la tarde de ayer, llena de nenes, nenas y sus papás./MARCELO GENLOTE

Por Julieta Roffo

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18/07/13

Síntoma visible de las vacaciones de invierno: sobre el puente peatonal que cruza Figueroa Alcorta a la altura de Pueyrredón hay más chicos que estudiantes de Abogacía. Es que en el Centro de Exposiciones porteño se lleva a cabo -hasta el 27 de julio- la 23° Feria del Libro Infantil y Juvenil, y hasta allí marchan los niños con sus padres, sus abuelas, su tíos o con la mamá de algún amigo que se animó a dirigir la excursión literaria.

Hay de todo en la Feria: una biblioteca infantil, una zona de lectura para los jóvenes, una exposición con libros latinoamericanos que marcaron la historia de la literatura para chicos -allí están María Elena Walsh, Horacio Quiroga, el brasileño Monteiro Lobato y la uruguaya Juana de Ibarbourou-. Hay coros, talleres de pintura, de experimentos físicoquímicos, de fotografía, de relato deportivo y de periodismo gráfico. Hay salas con netbooks y tablets en las que los chicos dibujan, juegan, leen, escriben y se llevan su producción impresa; hay narraciones orales que los ponen -un ratito- en silencio, atentos a la historia que les están contando. Hay payasos y malabaristas que circulan por los pabellones en monociclo, con cornetas para llamar la atención de los visitantes y anunciarles una próxima actividad. Hay de todo, porque en eso consisten las ferias. Y para todo hay cola, en los días en que el Centro de Exposiciones recibe visitas masivas, aunque la simultaneidad de tantas actividades hace que nunca haya que esperar demasiado en ninguna.

Y hay, porque de eso se trata, muchos libros. Mucho más que en la Feria "grande", y tal vez porque los chicos la recorren con menos ansiedad, los espacios para hojear se multiplican: algunos stands tienen mesas bajitas -aparte de estantes bajitos- en las que los chicos pasan un rato leyendo o eligiendo qué libro llevarse a casa. Lo mismo ocurre en las bibliotecas, y en los rincones del piso que los chicos eligen para sentarse.

Muchos llevan a sus padres a los stands de ofertas -en Editorial Norma pueden comprar 2 libros por 30 pesos, en el de Distal llevan 3 y pagan 2, y en el de la Librería de las Luces hay libros a diez pesos- y otros los arrastran a la búsqueda de clásicos: Socorro, de Elsa Bornemann, es el libro más vendido en el stand de Alfaguara. Algunos, seducidos por la actividad que acaban de realizar, buscan algún libro para llevarse a casa: varias decenas de chicos salieron del Rincón de Ciencias de Melquíades -un clásico de las Ferias del Libro- y corrieron a comprar el texto para seguir experimentan en sus casa en el stand de Longseller a 90 pesos.

En el pabellón C, en el Espacio Joven, hay actividades que mezclan la transmisión en vivo de una radio con el baile de rap y de hip-hop, aunque la concurrencia allí no es tan masiva como en los otros dos pabellones, donde muchos chicos instan a sus padres a hacer una parada obligada en el stand de maquillaje artístico que por 20 pesos convierte a los visitantes en Spiderman, Morticia Adams, un tigre o una princesa.

Gaturro, la tira cómica de Nik, también se cuela en la lista de los más vendidos. Cerca de sus libros, algunos padres negocian: "Llevamos un Gaturro pero también algún libro de cuentos más largos, para que practiques esa lectura". Los hijos aceptan de buen grado. Y otros padres se sorprenden ante el entusiasmo de sus hijos, como la niña que casi taclea a su madre cuando corrió a abrazarla y le gritó: "¡¡¡Gracias por comprarme otro libro de terror!!!".

Más información: ¿Qué hacer en vacaciones de invierno?

 

Fuente: Clarin

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