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Educacion y Cultura

Gastar más no siempre mejora la educación

Por Marcelo Garriga Vicedecano De La Facultad De Ciencias EconOmicas De La UNLP Walter Rosales Profesor De Finanzas PUblicas (Facultad De Ciencias Ec., UNLP)

08/07/13

En los años 60 el economista Willian Baumol escribió un artículo referido a la "enfermedad de los costos", que afecta principalmente al arte, la educación y la salud.

Para explicar su trabajo, años después Baumol utilizó el ejemplo de cómo la ejecución de un cuarteto de cuerdas de Mozart en los años 90 requería de la misma cantidad de músicos que en 1790. Es decir, la productividad de la mano de obra no había aumentado en el lapso de 200 años.

Por otra parte, si la actuación del cuarteto de cuerdas fuera realizada por un grupo vienés en la ciudad de Frankfurt, en la época de Mozart el traslado de los músicos hubiera demorado más de seis días, mientras que en la actualidad no insumiría más que un par de horas. Claramente el desarrollo tecnológico ha reducido sensiblemente la duración del viaje, pero no los recursos necesarios para interpretar la música de Mozart.

Este es un ejemplo donde la productividad de la mano de obra crece en forma diferente entre sectores. Esta diferencia implica que en los servicios en los que la productividad de la mano de obra crece relativamente menos, los costos de provisión crezcan sostenidamente en el tiempo. A esta intuición hace referencia la "enfermedad de los costos" de Baumol.

La tecnología avanza velozmente; sin embargo, la forma de proveer educación no avanza al mismo ritmo.

En esencia, en educación se trata desde siempre de docentes frente a alumnos, aun cuando hoy la tecnología posibilita nuevos modos de enseñanza. En lo esencial la educación de hoy se brinda de manera similar a la de la época de Mozart. Entonces, es esperable que la educación sea, por su propia naturaleza, cada vez más cara en términos relativos al resto de los bienes de la economía.

En la Argentina, el gasto en este sector representa una fracción creciente en el tiempo. En la década del 80, el gasto en educación era en promedio algo superior al 3% del PIB, ligeramente superior al 4% en los 90, en promedio mayor al 5% del PIB en la década de 2000, y superando el 6% en la actualidad. Esta tendencia creciente se revela independiente del color político de los gobiernos. Se podría señalar que el gasto en educación está asociado en buena parte a la enfermedad de los costos de Baumol.

¿Y los resultados educativos?

El desempeño educativo no está necesariamente asociado con el gasto en educación.

Gastar más en educación no garantiza más y mejor educación.

En la Argentina, la falta de asociación entre el aumento del gasto educativo y el logro de un mejor desempeño se verifica en las últimas dos décadas. Así lo muestran las evaluaciones estandarizadas PISA, que se realizan en más de 60 países a alumnos de 15 años de edad en las áreas de matemáticas, lectocomprensión y ciencias. Los resultados son desalentadores. Entre 2000 y 2009, la Argentina perdió más de 20 puntos en las evaluaciones en lectura, mientras que países como Perú, Chile y Brasil mejoraron significativamente su desempeño. Actualmente la Argentina se ubica en el puesto 58, sobre un total de 65 países. Esto significa que más del 50% de los alumnos de 15 años de edad no alcanzan a comprender un texto. Algo similar sucede en matemáticas, donde más del 60% de los alumnos evaluados no alcanzan a realizar razonamientos básicos.

La Argentina es el país donde las diferencias de aprendizajes entre los alumnos de las escuelas públicas están más determinadas por las desigualdades entre los establecimientos educativos. Tampoco es alentador el traspaso que se está observando de los alumnos de las escuelas públicas a las privadas.

El incremento en el gasto destinado a la educación que se observa en las últimas décadas es bienvenido.

Pero se trata de un resultado esperable, como bien lo señalaba Baumol. Ahora bien, por sí solo el aumento del presupuesto educativo no alcanza para mejorar el desempeño.

El logro de mejores resultados requiere además mejorar la calidad de la enseñanza. Sólo de este modo es posible garantizar la igualdad de oportunidades y abonar la expectativa de progreso económico. No basta con abrir las puertas de las escuelas, si al mismo tiempo no se atienden los demás factores que inciden en la calidad de los procesos educativos y sus resultados.

 

Fuente: Clarin

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