Politicas y politicos III

El frente interno de Scioli cruje antes de tiempo

El frente interno de Scioli cruje antes de tiempo

Francisco Olivera

LA NACION

SÁBADO 26 DE SEPTIEMBRE DE 2015

Las ironías más hirientes hacia la medida que acaba de tomar Axel Kicillof, que obligó a los Fondos Comunes de Inversión a contabilizar al dólar oficial sus tenencias en bonos, no se oían ayer tanto en la plaza financiera como en el entorno de Daniel Scioli. Esos aspirantes a herederos del kirchnerismo mostraban sarcasmo por la pérdida diaria que la iniciativa de un gobierno presuntamente progresista acababa de reportarles a títulos que, a través de la Anses, pertenecen en última instancia a los jubilados. Pero tanto estupor moría allí, en confines sciolistas. No aparecieron, contra lo que indicaría la lógica en un cambio de administración que se presenta como "continuidad", reproches directos ni hacia el Palacio de Hacienda ni hacia la Comisión Nacional de Valores (CNV), autora de la resolución. La explicación a tanto silencio es insólita: en la provincia de Buenos Aires temen que cualquier encontronazo con la facción más radicalizada del Gobierno provoque mayor empecinamiento en decisiones de corte ideológico. Como si Kicillof contestara a críticas conservadoras con caprichos revolucionarios. Es un poco el abordaje psíquico que hacen quienes conocen a Cristina Kirchner: con ella, mucho más que con su marido, toda conversación se corta en el momento en que emerge una disidencia.

La desconfianza sciolista explica lo que en voz cada vez más alta se insinúa en el oficialismo: la pelea entre la guardia pretoriana kirchnerista y su sucesor se adelantó a la elección de octubre. Aquellos que tienen más para perder lo plantean en público; los que portan cargo, apenas solapadamente. "Scioli puede ser una transición constructiva para el regreso de Cristina Kirchner", dijo esta semana Diana Conti y se sumó a la idea Estela de Carlotto. El miércoles, durante la exposición Defensa de la Industria, que se hizo en Costa Salguero, Kicillof había sido más sutil: se apuró a agregar "... y Zannini", la fórmula completa, cuando exhortaba al auditorio a "seguir trabajando con Scioli". Hasta los carteles de campaña venían excluyendo la foto del secretario legal y técnico.

Las implicancias de esta dialéctica multiplican las perturbaciones de empresarios que, desde hace tiempo, creen que aquí toda extravagancia es posible. Y más a pocas semanas de la despedida, cuando la militancia podría sobreactuar su combate a las corporaciones. Sería una especie de reivindicación final para que, cuando aflore la pelea de fondo, acaso el año próximo, haya quedado claro quién comulgó y quién no con elestablishment. Si es cierto que el candidato del Frente para la Victoria pretende acordar con los fondos buitre para salir al mercado a mejores tasas y, así, evitar devaluar, es indudable que los pibes para la liberación necesitarán mantener en alto al menos algún estandarte simbólico.

No habría que pensar sólo en esta regulación de la CNV para, como dicen en La Cámpora, "seguir transformando la Argentina". Algunas oportunidades han quedado servidas en bandeja. La más inmediata: el plazo que la Comisión Bicameral Investigadora de Instrumentos Bancarios y Financieros tiene para presentar el informe sobre cuentas presuntamente no declaradas vence el próximo miércoles. De ahí que algunos empresarios hayan decidido prestarle una especial atención a Roberto Feletti, diputado del Frente para la Victoria y presidente de esa comisión, que anteayer parecía estar dando anticipos. Durante un panel que compartió con el gobernador Juan Manuel Urtubey en un seminario sobre institucionalidad que la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA, en inglés) organizó en la Universidad Católica Argentina (UCA), Feletti recordó que el capitalismo sólo era capaz de atender ganancias individuales, no colectivas, y agregó que los mismos que hablaban de institucionalidad eran los que habían intentado imponerla por la fuerza el 16 de junio de 1955 bombardeando la Plaza de Mayo.

La continuidad de parte de estas ensoñaciones se jugará seguramente en el Banco Central. Ayer, el Gobierno publicó en el Boletín Oficial la aprobación del Congreso para designar en el directorio a Alejandro Formento, Mariano Beltrani y Bárbara Emilia Domatto Conti, tres funcionarios afines a Kicillof que hasta ahora se desempeñaban en comisión y que tendrán estabilidad hasta el 27 de abril de 2021. Alejandro Vanoli, presidente del ente monetario, la tiene hasta 2019, pero viene además apuntalándose a sí mismo mediante cartas manuscritas que le escribe a Scioli. Allí le expresa alineamiento. Es entendible: si el candidato ganara en primera vuelta, como imaginan los kirchneristas, Vanoli entrará al día siguiente en encrucijadas de disciplina interna. A este ritmo de pérdida neta diaria de reservas, si nada cambia, en la plaza financiera calculan que el país podría perder otros 4000 millones de dólares de aquí al 10 de diciembre. ¿Las órdenes de quién deberá escuchar en ese mes y medio de transición? ¿Las de Kicillof? ¿O las de asesores sciolistas como Mario Blejer o Miguel Bein? No son todas rosas en el menosprecio de la autarquía del Central.

En rigor, más allá del cargo, Vanoli no es el hombre a quien bancos, financieras y cuevas dicen dedicarle la mayor consideración. El que más pavor les merece es en cambio otro director, Pedro Biscay, un abogado que viene de la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) y que saltó a la fama hace un año, cuando convocó por Twitter a escrachar a huevazos a Domingo Cavallo en un seminario de la UCA. "Cavallo vendepatria, endeudador sistemático, el miércoles te escrachamos públicamente", escribió horas antes de la protesta que organizó el Colectivo por la Justicia Social.

Esta cosmovisión interpela a Scioli, que deberá convencer a Biscay de las bondades de un acuerdo con los holdouts. ¿Seguirá el candidato, si gana las elecciones, enemistado con el Citibank, al que la CNV le tiene todavía suspendida la licencia para operar en el negocio de bonos y le quitó la custodia de una serie de títulos soberanos, al mismo tiempo en que el Banco Central le revocaba a Gabriel Ribisich la idoneidad para operar como CEO? ¿Continuará Scioli la investigación sobre el HSBC por las cuentas presuntamente no declaradas en Suiza?

Biscay es un soldado de Kicillof. Y cumple con lo que hasta hace unos años era norma irrevocable en agrupaciones como La Cámpora: no atender los llamados de ejecutivos. En sus pocos encuentros con banqueros, últimamente, recita una letanía militante: "Los bancos son un servicio público".

Es natural que cerca de Scioli se burlen en voz baja de estas estratagemas, que en la otra orilla ocurra lo mismo a la inversa y que ni en un lado ni en otro se atrevan siquiera a conversarlo.

El desprecio mutuo vuelve breve cualquier tipo de convivencia.

Fuente: La Naciòn

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