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'La Patria que pudo ser y no fue'

'La Patria que pudo ser y no fue'

EL COMENTARIO. Asignaturas pendientes

Vior

03/07/16

El próximo sábado celebraremos el Bicentenario de nuestra Independencia. Seguramente se realizarán varios actos en diferentes puntos de nuestro país y las calles volverán a colmarse. Sobrarán discursos y brotarán palabras “extrañas” como héroes, valores y principios. En resumen, se hablará del pasado. De una historia, una Patria, que pudo ser y no fue. Al menos hasta ahora.

Más allá de la importancia de cumplir doscientos años como Nación ¿podemos sentirnos plenamente orgullosos al cabo de dos siglos de existencia? En el Acta de la declaración de la Independencia nuestros antepasados incluyen valores esenciales como los Derechos y la Justicia.

¿Cuántos derechos insatisfechos quedan pendientes? ¿Podemos hablar bien de la actual Justicia cuando muchos de sus integrantes sólo reaccionaron como debían ante bochornosas imágenes de los noticieros? ¿Llegará el día en el que comprendamos plenamente que una Nación sin Justicia real y sin la vigencia plena de todos los derechos es una mera cáscara?

Muchas ideologías han atravesado nuestro lastimado suelo. Las dictaduras fueron una triste y desgarradora constante. Distintos partidos políticos -salvo honrosas excepciones- fueron mutando de acuerdo a la ocasión con dos factores en común: la generación de profundos antagonismos y una habilidad de manipulación desgraciadamente admirable. Destrozaron y saquearon no sólo nuestro hábitat, sino algo que tiene aún más valía: la ilusión. Una persona sin esperanza ¿no es acaso un muerto viviente? ¿Serán conscientes quienes transitaron inapropiadamente por la función pública de la cantidad de gente a la que se defraudó, lastimó y abandonó de manera reiterada y consciente?

Creo que uno de los principales desafíos pendientes es una mayor participación en lo cotidiano. Así como tenemos la capacidad de organizar manifestaciones para reclamar mayor seguridad o aumentos salariales, por ejemplo, demos comienzo a las movilizaciones bajo los lemas #ni un corrupto más, #ni un juez parcial más, # nunca más un fuero, o una carpa gigante frente al Congreso, en reclamo de eficiencia y patriotismo. ¿No sería un excelente comienzo? El ya inminente 9 de Julio puede marcar un antes y un después. Es la ocasión para que las diferentes generaciones que están cohabitando nuestro maltratado país inicien un nuevo camino. Doscientos años de historia, millones de anónimos héroes enterrados y una cantidad similar que hoy lucha por sobrevivir, nos empujan a reaccionar.

Entendámoslo de una vez por todas: el delincuente, en todas sus formas y ambientes, existe porque “el sistema” se lo permite. Archivemos “Cambalache” y que don Enrique Santos Discépolo pueda descansar en paz. No sigamos sólo “sumando velitas”. Corremos el gran riesgo de que en el festejo del próximo siglo, el discurso oficial -pronunciado vaya a saber uno por quién- comience como los viejos cuentos: “Erase una vez una Nación …”

Enrique A. Polesello

Asignaturas pendientes

Habrá que seguir remando hasta que la Patria soñada aflore por fin de una buena vez. Hay un hilo conductor en las cartas de hoy: celebran el orgullo de haber nacido en este suelo, pero también demandan un país mejor, una nación más grande en valores.

Si la Patria es el lugar en donde tenemos enterrados a nuestros padres, también es esa porción de suelo y sueños en donde queremos que crezcan felices nuestros hijos y nietos. Es el pasado y el futuro. Y, sobre todo, el compromiso con el hacer cotidiano del presente. Que el Bicentenario inspire a las nuevas generaciones a moldearlo mejor que nosotros, sus mayores. Que la Argentina sea el gran hogar contenedor. Libre y soberano ya es. Falta que lo construyamos más justo para todos.

Osvaldo Pepe

opepe@clarin.com

 

Fuente: Clarin

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