Educacion II

La deserción en la secundaria no baja y en el país es muy desigual

La deserción en la secundaria no baja y en el país es muy desigual

Educación.Son datos de un relevamiento del Centro de Estudios de la Educación Argentina. Sólo 4 de cada 10 chicos se reciben a la edad esperada. El nivel de abandono en las escuelas públicas duplica a las privadas. Fuertes diferencias entre provincias.

Esteban Roldán tiene 20 años y vive en Salta. Dejó el secundario para jugar al fúbol y cuando quiso volver, debió ir a trabajar para mantener a su hijo.

26/11/15

De la Argentina ya no debería hablarse en singular, sino en plural: el país encierra muchos “países” y, según dónde se haya nacido, las oportunidades son drásticamente distintas. Lo confirman los datos de abandono de la escuela secundaria, que son altos en todo el territorio, y a la vez señalan que las jurisdicciones con mejores desempeños (Ciudad de Buenos Aires y La Rioja) duplican la tasa de graduación de Misiones, la provincia que ostenta el récord penoso de que apenas el 30% de sus alumnos termina la secundaria en el plazo “normal”.

Según datos de un nuevo estudio del Centro de Estudios de la Educación Argentina, dirigido por Alieto Guadagni, la tasa de graduación de la secundaria en tiempo y forma (en el plazo de 5 o 6 años) está en el 42,15% a nivel nacional. El estudio comparó la cantidad de alumnos en 6° grado de la primaria en 2008 con los egresados de secundaria en 2014 (6 años después): sólo 4 de cada 10 se recibieron con la edad esperada. El dato es similar al calculado por Unesco (43%).

Apenas tres jurisdicciones superan el 50% de eficacia en la graduación: la Ciudad (59), La Rioja (58,6) y Tierra del Fuego (53,3). Las de peor desempeño son Misiones, Santiago del Estero y Neuquén, todas por debajo del 35%. 

Las desigualdades no son sólo entre provincias, sino también por tipo de gestión. Las escuelas privadas duplican el índice de graduación de las públicas: 71 versus 34%. De todos modos, la eficacia del sistema público mejoró; hace 5 años se recibía a tiempo el 25%.

La tasa de deserción en la Argentina es una de las más altas de América Latina: según datos de Unesco, el país ocupa el puesto 11 sobre 13 países, aunque el nivel de cobertura también es uno de los más altos, después de Chile.
“El abandono tiene múltiples causas –plantea Elena Duro, especialista en educación de Unicef–. Más del 20% dice abandonar por falta de interés y el resto mayoritario suele explicarse por fracasos previos y, en menor medida, por maternidades tempranas o razones económicas. Los más perjudicados son los más pobres”.

A Guillermina Tiramonti, especialista en educación de Flacso, los datos no le sorprenden. Reflejan el desfasaje entre la escuela y los estudiantes: “La secundaria fue creada con la finalidad de seleccionar a un grupo reducido de alumnos: los que provienen de los sectores sociales más ilustrados y conviven con los códigos de esa cultura”.

Para Tiramonti, “afortunadamente la cultura actual valora más la creatividad, la capacidad de desarrollar un pensamiento alternativo, solucionar problemas y comunicar en diferentes lenguajes. Estos contenidos no requieren orígenes ilustrados, sino aulas y docentes capaces de incentivar y desarrollar estas habilidades. Para mejorar la eficiencia de las escuelas secundarias, hay que cambiar los modos de conocer y aprender, de modo que todos efectivamente aprendan”.

Duro sostiene que la secundaria necesita cambios profundos y consensuados a partir de “revisar la matriz organizacional, el régimen académico, los contenidos e innovar en las prácticas. Hay escuelas que requieren repactar la convivencia, con reglas claras de derechos y deberes entre los estudiantes y adultos, y para ello, se requiere compartir un sentido colectivo que no siempre emerge con claridad en los diálogos con sus integrantes”. Frente al determinismo por pobreza que rige hoy en el sistema escolar, Duro subraya que “es imperativo disminuir las desigualdades educativas”. Y postula: “El primer paso para eliminar la brecha es evidenciarla y afrontarla acompañando a las escuelas en un proceso de mejora continua”.

Frente a las habituales comparaciones con el sistema de Chile, Tiramonti cuestiona: “No somos chilenos, no hacemos un culto de las pruebas y la eficiencia, estamos mejor dotados para la invención, la solución de problemas, la construcción de alternativas. Justo aquello que hoy habilita una mejor navegación en un mundo en cambio constante. ¿Por qué insistimos, entonces, en una escuela que echa a la mitad de sus alumnos y mal enseña a aquellos que conserva?”.

Fuente: Clarin

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