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Corrupción

La sombra de Boudou, detrás de la impúdica defensa K de Reposo

EN FOCO

POR EDUARDO VAN DER KOOY

06/06/12

Daniel Reposo podrá o no, según lo dictaminen la semana próxima los votos del Senado, convertirse en el nuevo procurador de la Nación en reemplazo del desplazado Esteban Righi. Esa definición está ligada a un juego de poder, a la fuerza numérica del kirchnerismo para imponer su criterio a la oposición. También, tal vez, a las habituales oscuridades y perversiones de la política nacional. Nada de lo que pueda ocurrir, sin embargo, modificaría la impresión que Reposo sembró ayer en su extenso paso por la Comisión del Senado: su consistente insolvencia demostraría que la idea de Cristina Fernández sería empinar en aquella Procuración a un gendarme del Gobierno , no a un jefe de los fiscales.

El empeño con que el kirchnerismo debió defender a Reposo desnudaría la voluntad fáctica de la Presidenta -más allá de sus discursos- de tender un cerco sobre el Poder Judicial . Esa construcción, tampoco convendría confundirse, no se inició con el escándalo que amenaza a Amado Boudou, donde además de Righi, padecieron un juez, Daniel Rafecas, y un fiscal, Carlos Rívolo. Viene de mucho antes y se acentuó cuando Cristina llegó al poder.

Aquel cerco imaginario fue acompañado también, en conjunto, con una progresiva degradación de las calidades políticas e intelectuales.

Podría recordarse, por ejemplo, que ministro de Economía fue tres años Roberto Lavagna. Que Alberto Fernández se desempeñó como jefe de Gabinete un lustro. Righi fue procurador desde el inicio kirchnerista y su hipotético reemplazo por Reposo hablaría de un crepúsculo. El recuerdo de Righi, al lado del nuevo postulante, se agiganta.

Reposo apareció por demasiados momentos como un aprendiz inseguro ante las preguntas de muchos senadores. No de todos: hubo algunos -del FPV y hasta del PJ disidente- que le sirvieron interrogantes en bandeja para que pudiera fugar, siquiera por momentos, del papelón.

Aquella precariedad no brotó sólo de sus explicaciones. Bastó con observar también los rostros desencajados de Aníbal Fernández y de Miguel Angel Pichetto, el titular del bloque K de senadores, cada vez que el candidato de Cristina debió responder a un cuestionario incómodo. Tuvo también una rueda de auxilio invalorable en el chubutense Marcelo Guinle: el titular de la Comisión de Acuerdos del Senado enredó los intercambios cada vez que Reposo quedó trastabillando.

Esa escenografía se completó con pinceladas imperdibles, que tal vez Federico Fellini hubiera añorado para alguno de sus filmes inolvidables del neorrealismo italiano. Hubo una persona, de cara redonda, con anteojos, semicalvo cano -asesor de Reposo, según fuentes parlamentarias- que estuvo diez horas sentado a sus espaldas como tenaz apuntador. Se agachaba para evitar que las cámaras de TV registraran el movimiento de sus labios. Le arrimó mensajes en papelitos y a través del teléfono celular. Sus gestos mutaron, como Aníbal Fernández y Pichetto, al compás de las vacilaciones y los desatinos de Reposo. Trasuntó nerviosismo y frustración.

La última intervención de Pichetto pareció como una suerte de epílogo para ese paso de comedia en el Senado. Con sólo dos piedritas y un palito, defendió a Reposo como si se tratara del juez español Baltasar Garzón o del ex jefe del FBI, Edgar Hoover. El senador cuestionó la excesiva rigurosidad opositora en las preguntas y echó dudas sobre el valor y la trascendencia del conocimiento académico. Luego desenrolló una frase de la liturgia peronista K: "Acá todo el mundo tiene pasado. Y vaya si lo tiene" , exclamó. Debe haber hecho, en ese instante, una introspección de su historia.

El golpe más duro, sin dudas, partió desde la bancada radical. El senador Ernesto Sanz colocó al aspirante en apuros. Le preguntó si conocía la última resolución de Righi, antes de su renuncia, que estableció exigencias para la postulación de fiscales. Le informó que, de acuerdo con esas normas, sus antecedentes le hubieran permitido acceder al puesto 60 de un concurso entre 62 aspirantes . Reposo no se candidatea para fiscal: pretende ser jefe de todos ellos.

El socialista Rubén Giustiniani también lo forzó a caminar sobre un pantano cuando interrogó sobre el papel de la SIGEN (lugar que ocupa ahora) en el control de los servicios de transporte. En especial, la tragedia ferroviaria en Once. Luis Juez y Norma Morandini insistieron con su pertenencia política y su hipotética falta de independencia en un cargo, como el de procurador general, que la demanda. Ese constituye un punto bien vulnerable de Reposo.

El postulante no ocultó su alineamiento con la Presidenta.

Pero negó cualquier pertenencia al kirchnerismo y el vínculo más o menos cercano con Boudou.

Por momentos hizo recordar al desconocimiento que el vicepresidente alega respecto de Alejandro Vandenbroele, su supuesto testaferro y titular de la polémica Ciccone Calcográfica. Nadie dice conocer a nadie aunque existe una trama subterránea: el fiscal Rívolo tiene parvas de evidencias sobre el vínculo Boudou-Vandenbroele; Reposo se hace el distraído con el vice.

Su perfil de Twitter, hasta hace poco, rezaba: "Ex agente de prestaciones del ANSeS, laboralista, veroniquense, peronista K y amante del golf" . Aquel mismo perfil reza ahora: "Síndico General de la Nación". A secas.

Boudou fue jefe de Reposo en la ANSeS. El candidato a la Procuración, como director de la SIGEN, emitió un dictamen favorable al vicepresidente en una causa por administración fraudulenta y malversación con fondos públicos . Fue en una investigación por la adquisición de autos de alta gama cuando Boudou ocupaba el Ministerio de Economía. Una compra que se realizó en tiempo récord y sin licitación. Uno de esos vehículos apareció repentinamente en poder del propio Reposo. Lo devolvió cuando el escándalo tomó estado público.

El aspirante a la Procuración sostuvo, ante una pregunta, que no se inhibiría en caso de que tuviera que actuar en la causa Ciccone Calcográfica.

Pero que desconoce cuál es la situación en que se encuentra esa causa. Se sabe ahora mismo que el juez Ariel Lijo, designado para reemplazar a Rafecas, habría decidido protegerla con los hielos antárticos. El fiscal Jorge Di Lello, que tomó la posta de Rívolo, estaría enfrascado en tareas, al parecer, más importantes.

Tanta fragilidad e improvisación alrededor de Reposo pareciera encontrar una sola explicación: Cristina pretende a un hombre leal antes que idóneo, a un soldado que obedezca y no se tiente con plantear dudas. Que establezca algún blindaje sobre las numerosas causas de corrupción kirchnerista que circulan por la Justicia . Pero una por encima del resto: la que salpica a Boudou . El vicepresidente ha sido su obra electoral más importante, su apuesta personal más solitaria. Cualquier traspié afectaría irremediablemente a ella.

¿No la afectarán tantos enjuagues en un momento en que las desventuras económicas parecen empujar, otra vez, cerca del primer plano a las demandas éticas de la sociedad? Eso estaría todavía por verse. También, el resultado final de esta maniobra kirchnerista. Pichetto garantiza tener los votos necesarios para coronar a Reposo. La oposición asegura, luego de la audiencia pública de ayer, estar cerca de propinarle una derrota a Cristina.

Hacen falta los dos tercios de los presentes para la aprobación o el rechazo.

Todas las monedas estarán en el aire hasta el martes que viene, cuando el Senado realice una votación crucial.

 

Fuente: Clarin

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