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Otro amigo menos

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Por Diego Cabot | LA NACION

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Martes 05 de junio de 2012 | Publicado en edición impresa

Otro grupo económico muy cercano al Gobierno parece haber caído en desgracia con la detención, anoche, de Claudio Cirigliano, uno de los empresarios que mejor entendieron la lógica que impera en el mundo de los negocios que se solventan con dinero estatal.

Esta vez no le sirvió de malla de contención la extensa red de contactos que supo tejer durante décadas con el poder, y tampoco los miles de millones de pesos en subsidios que recibió en los últimos diez años. El número uno del grupo Cirigliano, dueño de Trenes de Buenos Aires (TBA) y de cientos de colectivos que circulan con el nombre Plaza, entre otras empresas, durmió anoche en la cárcel. La detención del transportista contiene una fuerte simbología. Sucede que de la mano de negocios regulados se convirtió en uno de los empresarios más cercanos al ex presidente Néstor Kirchner; al ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y a los secretarios de Transporte Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi. Desde fines de 2006, cuando se empezó a informar de los destinatarios de los subsidios a los colectivos, el grupo recibió cheques por 1604 millones de pesos si se suman Plaza y Ecotrans, otra de sus empresas. Para TBA, su compañía más importante, hasta hace 15 días el Estado aportaba 71 millones de pesos por mes, de los cuales 64 millones se iban en sueldos de una plantilla de 4447 empleados.

Si un consuelo puede caber al empresario es que no es el único amigo del poder que ha caído en desgracia en los últimos tiempos. La familia Ezkenazi pasó de controlar YPF a ser poco menos que la culpable de la crisis energética. Rudy Ulloa, un hombre de estrecha confianza de Kirchner, tuvo que cerrar el diario El Periódico Austral por falta de publicidad oficial, combustible del medio. Otros grupos empresarios como Electroingeniería se debaten en medio de serios problemas financieros.

El ida y vuelta de dinero público con el grupo Cirigliano siempre despertó sospechas sobre favores cruzados. En enero de 2006, Claudio y su hermano Mario se hicieron cargo de 700 empleados aeronáuticos de Southern Winds. Primero le daban adelantos en préstamos reembolsables a SW para que pudiera operar. Luego crearon la compañía Safe Flight y pagaron durante años los sueldos de 500 empleados. La empresa nunca voló y jamás tuvo aviones. Las sospechas de que la estructura del grupo fue utilizada por el Gobierno para abonar los salarios aeronáuticos nunca se disipó.

Los años de gestión de Jaime fueron los mejores de los poderosos empresarios. La relación con el funcionario y hombre de confianza de Kirchner fue muy cercana. De aquellos tiempos dorados quedó una causa en la que se investigan viajes de placer en taxis aéreos rentados por el grupo Cirigliano. El empresario se amparó en la prescripción para quedar fuera del proceso, pero Jaime aún camina por Tribunales por aquellos viajes.

Pero el tiempo pasó y Jaime dejó su cargo después de que tomó estado público la utilización de un jet de cuatro millones de dólares. En el escándalo del avión también sonó el nombre de Cirigliano como uno de los eventuales aportantes para comprar la aeronave.

No fue obstáculo que Jaime dejara su despacho en la Secretaría de Transporte para que el Grupo Cirigliano siguiera haciendo negocios con el poder. Más aún, cuando la relación del empresario no se limitaba nada más que a los funcionarios del área. Los fuertes vínculos con De Vido lo llevaron a ampliar su portafolio de negocios.

En 2010, ganaron una licitación para proveer los decodificadores de televisión digital, que la Casa Rosada comenzó a entregar entonces gratuitamente bajo el plan Televisión Digital Abierta (TDA). Meses más tarde, en una planta ubicada en Belgrano, ensamblaron notebooks que luego repartió la Anses en el marco del plan Conectar Igualdad.

La línea directa con De Vido también lo llevó a incursionar en el mundo de la energía. Ejecutivos del grupo viajaron a Qatar. El objetivo era ser proveedores de gas licuado de petróleo que la Argentina está obligada a comprar para abastecer la creciente demanda de gas y suplir la caída en la producción.

Dentro de su conglomerado de empresas también se contaban un taller ferroviario (Emfer) y una terminal automotriz (Tatsa), donde fabricaban colectivos urbanos llamados Puma.

El 24 de mayo pasado, en las oficinas de TBA en Retiro se enteraron de que el Gobierno les quitaba la concesión de los ferrocarriles Mitre y Sarmiento. Algo había cambiado en la relación con el poder. Si algo quedaba en pie, ayer se derribó.

Además de dos ex gerentes, Darío Tempone y Daniel Rubio, la orden de detención alcanzó a Carlo Ferrari, ex presidente de TBA en el momento de la tragedia que terminó con la vida de 51 personas y dejó 700 heridos. Ferrari además es presidente del Banco de Formosa.

Justamente Ferrari era uno de los dos hombres que Cirigliano se había llevado consigo después de la estatización de los ramales. A los 4445 restantes los dejó librados a su suerte. Varios contaron que se sentían desamparados después de haber trabajado tantos años para el grupo. Quizá no tanto como seguramente se sintió anoche Claudio Cirigliano en el Edificio Centinela. Solo y sin el abrigo del poder.

 

Fuente: La Nacion

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