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Corrupción

¿Un boom de ingresos puede hacer a un gobierno más corrupto?

Lunes 04 de noviembre de 2013 | Publicado en edición impresa

Por Eduardo Olaberría  | Para LA NACION

PARÍS.- Ganar la lotería no siempre trae los beneficios esperados a quienes lo consiguen. Para William "Bud" Post, ganar US$ 16 millones en la lotería de Pennsylvania en 1988 significó la destrucción de su familia: su hermano fue preso por contratar a un asesino para que lo matara y heredar su fortuna, su novia lo demandó intentando adquirir parte del premio y otros familiares le aconsejaron que invirtiera en negocios que lo llevaron a la bancarrota. Cansado de que le quisieran sacar su dinero, Bud Post terminó en la cárcel por dispararle a un hombre que llegó a su casa a cobrarle una cuenta.

Para un país, el equivalente a ganarse la lotería podría ser descubrir un gran yacimiento de petróleo o tener un aumento histórico del precio de sus commodities. Acontecimientos como éstos generan un boom de ingresos que, bien utilizados, pueden ser muy beneficiosos para la población y un impulso para el desarrollo. Pero también pueden tener consecuencias negativas.

El ejemplo clásico es conocido como la enfermedad holandesa. Ocurre cuando un shock de ingresos lleva a una fuerte apreciación real, afectando negativamente a otros sectores de la economía y reduciendo el ingreso del país, y ha preocupado a varios gobiernos latinoamericanos.

Pero hay otros efectos potencialmente nocivos. Por ejemplo, un artículo publicado en la última edición del American Economic Review por los economistas Fernanda Brollo, Tommaso Nannicini, Roberto Perotti y Guido Tabellini sugiere que los booms de ingresos generan gobiernos más corruptos y políticos menos capacitados.

La teoría parte de la idea de que cuando el público no está suficientemente bien informado, un aumento aleatorio de los ingresos públicos permite al gobierno dar la impresión de que hace las cosas bien, cuando en realidad es que simplemente tiene más recursos. Esto le permite al gobernante enriquecerse (apropiarse de rentas) sin tener que desilusionar al votante que, aunque sea racional, no posee toda la información. Un corolario de esto es que cuanto mayores son los recursos con los que cuenta el gobernante, menor es el castigo electoral que recibe y, por ende, puede comportarse incorrectamente con más facilidad.

En segundo lugar está el efecto de selección: mayores recursos hacen que se reduzca la calidad promedio de los individuos que ingresan a la política. Dado que con mayores recursos se puede ganar (robar) mucho sin tener mucho talento, suben los incentivos para que entren en política individuos menos capaces (los más capaces pueden generar ingresos altos fuera de la política y no tienen tantos incentivos para ingresar, o bien, si ingresan, tienen menor incentivos para robar porque el costo de hacerlo e ir preso es mucho más alto).

Finalmente, como el gobernante de turno enfrenta a políticos de menor calidad, es más probable que pueda ser reelegido. Con mayores recursos es más fácil para el gobernante corrupto eternizarse en el poder.

Si bien la teoría es muy simple, intuitiva y elegante, el desafío mayor de los autores fue crear una base de datos única y una metodología empírica muy inteligente. No es fácil demostrar empíricamente que a mayores recursos fiscales es mayor la corrupción, porque los mayores recursos podrían estar positivamente relacionados con la calidad del gobernante. Es por eso que para demostrar su teoría los autores necesitaban que los aumentos de recursos fueran aleatorios e independientes de las características de los gobernantes. Para esto, utilizaron datos de los municipios brasileños, que tienen una particularidad: según la ley brasileña, todos los municipios en un mismo estado y para unos determinados rangos de población deben recibir la misma financiación del gobierno nacional. Pero lo interesante es que, por ejemplo, un aumento de la población de 13.584 a 13.585 habitantes hace que las transferencias del gobierno nacional aumenten 30%. Esto es un aumento aleatorio de recursos.

Los autores encontraron así que un aumento del 10% en los recursos públicos eleva la corrupción en un 16%. También, que un aumento de 10% en los recursos aumenta 7% la probabilidad de reelección. Finalmente, testearon cómo los mayores recursos públicos afectan la calidad de los políticos, medida según su nivel de educación. Los resultados muestran que un aumento de 10% en las transferencias induce una caída de 6% en la proporción de intendentes con título universitario.

Si bien la evidencia es para Brasil, las conclusiones podrían aplicarse al caso argentino. Una mayoría de los argentinos siente que el boom de ingresos generado por el aumento de deuda de los años 90 terminó en el bolsillo de los gobernantes y sirvió para aumentar la corrupción. De la misma forma, una buena parte de la población sospecha que los ingresos generados por el boom de la soja de los últimos años sirvió para enriquecer a los políticos, para que compren votos y se perpetúen en el poder, y que ha deteriorado la calidad de los gobernantes. En este sentido, el trabajo de Brollo y Cía. da cierto fundamento teórico y empírico a las creencias del ciudadano común.

Las conclusiones del trabajo también son relevantes para el futuro si pensamos que el descubrimiento del yacimiento de petróleo en Vaca Muerta equivale a haberse ganado nuevamente la lotería. Si bien no existe la fórmula mágica para evitar que los mayores ingresos públicos aumenten la corrupción y deterioren la calidad de los gobernantes, una forma de contener el problema es limitando las posibilidades de reelección en todos los niveles de gobierno y fomentando la participación política de los individuos más capacitados.

Sería una buena estrategia para evitar que la Argentina termine como Bud Post.

Fuente: La Nacion

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